El cambio inicial que afecta la vida del protagonista y la trastoca de arriba abajo debe ser el principio de toda historia exitosa, ya lo dijimos en la anotación anterior, Estructura de la novela II – Cómo empezarla y acabarla, y hoy vamos a analizarlo con un poco más de profundidad.

El cambio inicial

Una novela empieza con un cambio inicial que afecta la vida del protagonista.

El cambio inicial

Tal y como dijimos en la anotación previa,

  1. El lector se siente fascinado y amenazado por los cambios significativos.
  2. De modo que quiere que la historia comience con un cambio. Y tú, como escritor, es lo primero que tienes que darle.

Respecto de este punto, Bickham da una explicación bastante lógica: todos nos sentimos fascinados y amenazados por cualquier cambio significativo que ocurra en nuestras vidas y, por tanto, nada hay que les fascine más (a los lectores) o por lo que se sientan amenazados en el mundo de la ficción que ese cambio. La razón que ofrece Bickham para apoyar esta idea está relacionada con lo que él llama SELF-CONCEPT o concepto que cada cual tiene de sí mismo. Según Bickham, ese SELF-CONCEPT es nuestra posesión emocional más preciada. De modo que, cualquier cambio significativo amenazará nuestro SELF-CONCEPT.

¿Qué nos dice esto como escritores?, pregunta Bickham. Muy sencillo y muy importante si quieres captar la atención del lector desde el principio de tu novela:

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Por ello, Bickham nos aconseja:

Piensa bien tu protagonista.

  1. Luego, anota su SELF-CONCEPT en un máximo de 10 ó 15 palabras.
  2. Idea un suceso que suponga un cambio amenazante para él.
  3. Deprime, abate, destroza a tu personaje y prepáralo para luchar y conseguir que todo vuelva a ser como debía ser. Y, relacionado con este tercer punto, será importante que nuestro personaje tenga lo que hay que tener para enfrentarse a los obstáculos. No nos valen, como es fácil adivinar, los personajes blanditos y cobardones.

Veamos un ejemplo

"Una fracción de segundo", David Baldacci

Si tomamos como ejemplo la novela de Baldacci, Una fracción de segundo, nos damos cuenta enseguida de que el autor conoce muy bien esta estrategia y la maneja con soltura. En las primeras páginas de su novela, ya plantea el cambio inicial para los dos protagonistas de la serie, Sean King y Michelle Maxwell. De hecho, sólo necesita el Prólogo y un par de capítulos para poner bocabajo la vida de los protagonistas, revolucionar su existencia y dar pie a una historia con la que conseguirá atrapar la atención del lector de principio a fin.

El cambio inicial para Sean King

El Prólogo nos sitúa en septiembre de 1996 y nos presenta a Sean King, agente del Servicio Secreto, que se encuentra de servicio en una sala repleta de seguidores de Clyde Ritter, un candidato a las elecciones presidenciales de Estados Unidos cuya protección le ha sido asignada. Después de unos párrafos para situarnos en la escena, Baldacci describe cómo Ritter está besando y saludando a sus seguidores cuando, “en una décima de segundo”, ¡bang!, es abatido y muerto por un disparo sin que Sean King haya podido evitarlo. Nuestro agente logra matar al asesino, pero no ha reaccionado a tiempo y su protegido está muerto.

David Baldacci sabe muy bien cómo atrapar al lector, así que termina el prólogo con este párrafo: Sean Ignatius King, nacido el 1 de agosto de 1960 y muerto el 21 de septiembre de 1996 en un lugar del que nunca había oído hablar hasta el último día de su vida. Sin embargo, él lo tenía mucho peor que las otras personas abatidas. Ellos acabaron en lujosos ataúdes y fueron objeto de duelo de sus seres amados, o de quienes por lo menos amaban lo que ellos representaban. El que rápidamente pasaría a convertirse en ex agente del Servicio Secreto King no corrió la misma suerte. Tras su muerte, su original castigo consistió en seguir viviendo.

¡Y ya tenemos el cambio inicial!, Sean King va a vivir a partir de ahora de una forma muy diferente.

El cambio inicial para Michelle Maxwell

Maxwell

En el capítulo 1, fechado ocho años después, conocemos a la otra protagonista de la serie, Michelle Maxwell. Ella, como lo era Sean King, también es agente del Servicio Secreto. Y ella, como el que acabará siendo su compañero de aventuras, también la fastidia… En esta ocasión, la caravana electoral de John Bruno, candidato a la Casa Blanca de cuya protección se encarga Michelle Maxwell, se detiene de forma inesperada en una funeraria para que Bruno presente sus respetos a un amigo que ha fallecido. El candidato insiste en quedarse a solas en la sala donde reposan los restos de su amigo y en la que sólo se encuentra su viuda. A Michelle, jefa de la unidad de protección del candidato, no le gusta la idea, pero acaba accediendo ante la insistencia de Bruno.

Así nos plantamos en el capítulo 2: John Bruno se está tomando demasiado tiempo con la viuda y Michelle comienza a preocuparse. Llama al candidato a través de la puerta, pero no hay respuesta. Insiste. De nuevo contesta el silencio. Como jefa de la unidad, ordena que echen la puerta abajo y… la última frase del capítulo nos lo resume todo: Allí no había nadie, a excepción de un cadáver. John Bruno, el candidato cuya protección tenía asignada, ha desaparecido y Michelle tiene un problema… Se avecina un cambio.

La propia Michelle Maxwell lo intuye en el capítulo 3. Lo sabemos cuando el narrador nos cuenta su pensamiento: Rodarían cabezas por esto. La suya. Pero en aquel preciso momento lo único que quería era recuperar a John Bruno. Michelle ya sabe que su suerte está echada, pero (y aquí Baldacci comienza a dar una primera idea del objetivo al que la ha conducido el cambio y que guiará las acciones de Michelle Maxwell de aquí en adelante -pero de ello hablaremos en una próxima anotación-), la agente del Servicio Secreto pone en marcha todos los recursos de los que dispone para intentar lograr ese objetivo: recuperar al candidato. Baldacci, no obstante, insiste en el cambio para que al lector no se le escabulla entre los momentos de acción:

Luego hizo la llamada que debía hacer por más que le costara. Telefoneó a sus superiores y pronunció las palabras que quedarían para siempre asociadas a su nombre y acabarían con su carrera en el Servicio Secreto.

–Aquí la Agente Michelle Maxwell, jefa del equipo de seguridad de John Bruno. Llamo para informar de que hemos… de que he perdido a mi protegido. Parece ser que John Bruno ha sido secuestrado. La búsqueda está en marcha, y hemos pedido refuerzos a la policía local y al FBI.

Sentía cómo la guillotina iba cayendo sobre su cuello.

Y por si aún fuera poco para marcar el cambio que se ha dado en la vida de Michelle Maxwell, el capítulo acaba con este párrafo: Se encontraba sola en medio de la estancia. Tantos años de trabajo, tanto tiempo demostrando lo que valía, todo tirado por la borda. Ni siquiera le quedaba el consuelo de haber podido ponerse en la trayectoria de la bala de un asesino en potencia. Michelle Maxwell ya formaba parte de la historia. Y también sabía que su trabajo en el Servicio Secreto pertenecía al pasado. Estaba acabada.

¿Hablábamos de cambio inicial? Me parece recordar que sí… 😉

Sean King y Michelle Maxwell han sufrido una transformación brutal en sus vidas. Ambos comienzan esta historia, Una fracción de segundo, a partir del cambio inicial que Baldacci ha planeado para ellos y que hará que los personajes se marquen un objetivo, pero esa será nuestra próxima parada: El objetivo y la pregunta dramática central.

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Referencias: Scene and Structure, Jack M. Bickham y Una fracción de segundo, David Baldacci.

Fotografía: Andra Boldizsar. Unsplash.

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