Pese a que comencé la categoría sobre la estructura de la novela en las primeras anotaciones del blog, hace ya bastantes semanas que, a cuenta de la serie de entradas Cómo organizar tu novela en 10 preguntas, las dejé colgadas en un limbo del que ahora las recupero.

Pero para hacerlo con cabeza y ayudar al lector, he preferido presentar hoy un breve resumen de las tres entradas ya publicadas al respecto antes de continuar con ellas.

¿Me acompañas?

 

La estructura de la novela

 

Las escenas: el andamiaje de una novela exitosa

En la anotación referida a las escenas, citaba las palabras de Jack M. Bickham, autor de Scene and structure, acerca del importante papel que desempeñan éstas dentro de la estructura de la novela: La mayor parte de la ficción de hoy en día que tiene éxito se basa en una estructura que utiliza una serie de escenas, interconectadas entre sí de manera muy clara, con el objetivo de conformar una historia larga con un desarrollo lineal desde el planteamiento de la “story question” (o pregunta dramática central), al principio de la narración, hasta la respuesta a esa pregunta, justo cuando se alcanza el clímax de la historia. Bickham afirma que el 95% de las novelas exitosas que se publican hoy en día están levantadas sobre una estructura que depende de las escenas.

Así pues, parece bastante claro que el escritor que desee tener éxito en la literatura actual debe conformar la estructura de la novela en torno a la construcción de escenas.

Según Bickham, de hecho, la clave para lograr una narración efectiva debe basarse en:

1. Una buena planificación de las escenas.
2. Un buen desarrollo de cada una de ellas.
3. Una cohesión lógica que las una.

 

Cómo empezar la novela

Sin embargo, antes de lanzarnos como locos a escribir escenas, hay una serie de elementos que debemos tener muy claros si queremos que la tarea de redacción no se atasque e incluso llegue a paralizarse. Algunos de esos elementos los hemos tratado en las anotaciones de la serie de entradas mencionada al principio, Cómo organizar tu novela en 10 preguntas,

Pero en concreto ahora estoy hablando del desencadenante, el elemento que cambia la vida normal del protagonista. Hay muchas teorías sobre cuándo situar este punto de perturbación. Unos dicen que antes de las primeras 30 páginas; otros, que antes de las 50 primeras… Lo cierto es que no hay una norma fija al respecto (afortunadamente), pero sí debe ocurrir al principio de la novela y, desde luego, no debes permitir que transcurra mucho sin introducirlo.

¿Por qué? Entre otras razones, porque necesitas enganchar al lector desde el principio y, para hacerlo, tienes que darle emoción sin poner a prueba su paciencia. Ten siempre presente un hecho incuestionable: el lector es impaciente y no está dispuesto a pasar páginas y páginas antes de que le presentes un situación de conflicto. De modo que no le des la oportunidad de abandonar la lectura de tu novela. Agárralo y no le dejes marchar.

Respecto de este punto, también Bickham nos alecciona y advierte al afirmar que nunca debemos perder de vista lo que el lector quiere y necesita:

 

1. Un cambio significativo que amenace la rutina del protagonista: el desencadenante. Empieza tu novela así.
2. Ese cambio provocará que el protagonista se marque un objetivo a fin de recuperar la normalidad de su existencia.
3. Y este objetivo planteará la pregunta dramática que interesará al lector y lo llevará hasta el final de la novela, donde conocerá la respuesta.

 

El cambio inicial

Cuando se produce un cambio significativo en nuestra vida, ésta se trastoca y a nosotros nos afecta de forma profunda: nos preocupa, nos duele y nos desestabiliza. Un cambio radical es una amenaza contra la que reaccionamos.

En la ficción, ocurre lo mismo, por eso al lector hay que darle ese cambio significativo en la vida del protagonista para que se interese por él, se preocupe por él y le duelan sus desgracias. Este es el primer elemento a tener en cuenta cuando comienzas a escribir tu novela: lograr que el lector empatice o se interese por tu protagonista. Si lo consigues, lo habrás enganchado a tu historia.

De modo que ese cambio te sirve como anzuelo con el que pescar la atención de tus lectores. Coloca en situación difícil a tu personaje, haz que la espada de Damocles penda sobre él y conquistarás el interés del lector por conocer qué pasa después y cómo sale adelante.

Te aconsejo que leas el ejemplo con el que ilustré esta manera tan efectiva de comenzar una novela. Utilicé para ello Una fracción de segundo, de David Baldacci, y puedes encontrarlo en la entrada sobre El cambio inicial. Es un modelo perfecto para aprender cómo utilizar estos elementos y cimentar bien la estructura de la novela.

 

El objetivo

Una vez que has trastocado la vida del protagonista y le has dado la vuelta como a un calcetín, debes hacer que tu personaje reaccione y se marque un objetivo. ¿Cuál? El de recomponer las cosas y hacer que vuelvan a su estado inicial.

Si el desencadenante es, por ejemplo, que han secuestrado al hijo de tu protagonista, el cambio radical que se da en su vida es obvio; y el objetivo que se marca, también: recuperar a su hijo y devolver la normalidad a la existencia de la familia.

Si el desencadenante es, por ejemplo, el asesinato de la mujer de tu protagonista, el cambio radical es también evidente y el objetivo que se marque tu protagonista puede ser, por ejemplo, buscar justicia, venganza o incluso ocultar que él es el asesino.

Las variables son infinitas, pero el objetivo tiene que existir y ser concreto, y, además, como autor, has de dejárselo meridianamente claro a tu lector. No puede haber dudas al respecto. El lector debe conocer cuál es el objetivo que tu protagonista va a perseguir durante toda la historia.

¿Y cómo lo haces? ¿Cómo das a conocer ese objetivo al lector? Es muy sencillo. En palabras de Bickham: en el momento en que nuestro personaje expone cuál es su objetivo (como resultado del cambio y la necesidad de arreglar las cosas), el lector comenzará a sentir interés por él y lo transformará en una “story question”, o pregunta dramática central que le mantendrá pegado a las páginas siempre y cuando la acción de nuestra novela esté en relación con esa pregunta clave.

 

La pregunta dramática central

La pregunta dramática central surge del objetivo que se ha marcado el protagonista. En el primero de los ejemplos que se ponían en el apartado anterior, la pregunta dramática sería: ¿Conseguirá el protagonista rescatar a su hijo y devolver la normalidad a la vida familiar? En el segundo caso, según la opción elegida, la pregunta dramática sería: ¿Logrará el marido de la mujer asesinada llevar a los culpables ante la Justicia?, o ¿Conseguirá vengarse?, o ¿Tendrá éxito ocultando que él es el asesino y logrará salir impune?

Como ves, es muy fácil hacer llegar al lector esa pregunta dramática sin necesidad de plantearla directamente. Si marcas un objetivo claro a tu personaje, el lector la propondrá por sí mismo y buscará la respuesta…, es decir, continuará leyendo hasta conocerla.

Así pues, y a modo de resumen casi gráfico:

 

UNA HISTORIA SIEMPRE COMIENZA CON UN CAMBIO

ESE CAMBIO CONDUCE A UN OBJETIVO

ESE OBJETIVO PLANTEA UNA PREGUNTA DRAMÁTICA CENTRAL EN LA MENTE DEL LECTOR

 

Hemos llegado al final del repaso y creo que en una sola anotación hemos conseguido resumir las tres que ya se publicaron sobre la estructura de la novela. Ahora que ya están frescas de nuevo, podemos continuar estudiándola. Y lo haremos próximamente con una entrada en la que hablaremos de la relación causa-efecto.

No te la pierdas.

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Fotografía: Jeff Sheldon, Unsplash.

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