El resultado de las escenas

Para conseguir que el resultado de las escenas sea eficaz, éstas deben cumplir una serie de requisitos. Por ello, mientras la planeas, debes tener en cuenta el objetivo de la escena, los ángulos que vas a dar al conflicto y el tipo de desastre al que llegarás al final de la escena. Todo ello en términos de alcance del resultado, inmediatez del resultado, irreversibilidad del resultado y la dirección a que lleve ese resultado. Después de haber estudiado en la entrada anterior los elementos de los que se compone una escena, veamos en este nuevo artículo cómo deben trabajarse cada uno de ellos para conseguir el resultado esperado.

 

Resultado de las escenas

 

Selección del objetivo

Un objetivo de la escena mal elegido puede llevarnos por caminos tortuosos en los que acabemos perdiéndonos. Según Bickham, son varios los errores que nos pueden llevar a optar por un objetivo equivocado:

1. Un primer error consiste en elegir un objetivo demasiado pequeño o insignificante, de manera que el alcance de ese objetivo no sea suficiente para afectar el curso de la historia.

2. Otro error sería justo el contrario: optar por un objetivo de dimensiones tan grandes que el resultado sea devastador e incluso cambie el recorrido del resto de la historia.

3. También podemos equivocarnos a la hora de elegir un objetivo que no conduzca con lógica a un resultado final que tenga inmediatez. Según Bickham, el buen escritor quiere que el desastre final de la escena eche sobre el protagonista una considerable cantidad de presión y lo haga con prontitud.

4. O, frente a ello, elegir un objetivo cuyo resultado provoque demasiada inmediatez, de manera que el personaje no tenga tiempo de tomarse un respiro.

5. Y, finalmente, podemos errar al elegir un objetivo cuyo desastre final sea demasiado final (si el resultado de la escena es que nuestro protagonista muere, se acabó la historia –pero creo que esto cae por su propio peso–). La otra cara de la moneda, dice Bickham, es que el desastre no sea realmente serio.

 

Desarrollo del conflicto

Una vez que hemos elegido el objetivo correcto, el siguiente paso nos adentra en la dificultosa parte del conflicto. También en ella podemos cometer diversos errores a la hora de desarrollarlo. Veamos cuáles:

1. Uno de ellos consiste en desarrollar un conflicto que sea demasiado fuerte porque, en este caso, el desastre tendrá un alcance mucho mayor de lo que en principio pretendíamos. Si ello ocurriera, podríamos llegar a perder el control tanto de la dirección como del ritmo de la historia. De acuerdo con Bickham, la sobreintensificación del conflicto o la introducción de un ángulo incorrecto es quizá el error más común de los escritores neófitos. De hecho, añade, éste es el error que normalmente ha cometido un escritor que se queja de haber perdido el camino en la trama que tenía planificada.

2. El error contrario sería desarrollar un conflicto demasiado blando. Según Bickham, el escritor que selecciona ángulos en el desarrollo de sus escenas que debilitan o esquivan el conflicto es un escritor cuyos desastres no serán tomados como verdaderamente desastrosos.

Ahora bien, se pregunta Bickham, ¿por qué un escritor optaría por diluir su conflicto? Algunas veces, responde, es una elección intencionada: el escritor quiere suavizar la historia haciéndola más lenta. Sin embargo, con su pregunta, Bickham se refiere a aquellos casos en los que el escritor desarrolla de forma inconsciente un conflicto débil. De acuerdo con su teoría, ello se debe a una de estas tres causas:

1. Timidez: a ninguno de nosotros nos gustan los conflictos en la vida real, de manera que quizá en ocasiones el escritor evita los conflictos fuertes porque ni él ni el lector son personas violentas.

2. Miedo: algunas veces, el escritor cree que no será capaz de escribir una escena de lucha, una persecución o cualquier tipo de conflicto serio. Si ese es nuestro caso, el consejo de Bickham es que nos lancemos a hacerlo. Intentándolo una y otra vez veremos cómo nuestra habilidad para enfrentarnos a este tipo de conflictos mejora.

3. Cansancio: escribir una gran escena es agotador, tanto desde el punto de vista físico, como intelectual y emocional. Si en algún momento de nuestra escritura nos encontramos en ese estado, lo razonable es tomarse un descanso, apartar el manuscrito durante un tiempo y volver a él cuando nos encontremos frescos y preparados.

 

Naturaleza del desastre

Dice Bickham que es posible haber realizado correctamente los dos pasos anteriores (seleccionar un buen objetivo y desarrollar convenientemente el conflicto) y, sin embargo, fastidiarla en el momento de enfrentarnos al desastre.

Si, afirma el autor de “Scene and Structure”, en algún momento a lo largo del desarrollo de nuestra trama encontramos que algo va mal, volvamos atrás y examinemos cada desastre con el que hemos terminado nuestras escenas. En algún punto, encontraremos uno que hizo que el alcance de la escena fuera demasiado grande, demasiado insignificante o bien demasiado o no suficientemente inmediato, de manera que el resultado obtenido ha dado lugar a que la historia tome un camino diferente al que teníamos pensado en nuestra trama.

Por último, Bickham nos sugiere una forma bastante visual con la que corregir nuestro trabajo:

1. Marca en color verde el objetivo con el que abres la escena.

2. La porción dedicada al conflicto, márcala en color rojo.

3. Luego, vuelve a trabajar en esta sección (la del conflicto) y subraya con cualquier otro color cada movimiento que se da en la discusión o cada cambio en la táctica que identifiques.

4. Finalmente, vuelve a trabajar en esta sección y rodea con algún color nuevo cada vez que tu protagonista ha repetido o reiterado su objetivo de la escena. Si te has mantenido fiel al recorrido que tenías previsto, incluso en las escenas más complicadas con mucho movimiento y giros deberíamos encontrar a nuestro héroe repitiendo el porqué de su lucha.

También a la hora de planear nuestras escenas, Bickham nos provee de un método:

1. Toma media docena de cartulinas de 10×15 cm.

2. En la parte superior, escribe la palabra objetivo y desarrolla el objetivo de tu escena en no más de 10 palabras: qué es lo que tu protagonista desea conseguir en esta escena.

3. Dos líneas debajo, escribe la palabra conflicto y anota con quién se va a desarrollar, dónde tendrá lugar, cuánto ocupará. Además, debes incluir al menos cuatro giros que el conflicto dará durante su desarrollo.

4. Hacia el final de la cartulina, escribe la palabra desastre y anota cuál sería el desastre que resultaría de esta escena.

Si realizas este trabajo con varias escenas y eres capaz de encontrar un punto de unión que las vincule a través del principio causa-efecto, estarás construyendo una trama.

 

Si te ha gustado esta entrada, cuéntanoslo en los comentarios y difúndela en las Redes Sociales 🙂 Me ayudarás a darle vida al blog. Además, no te pierdas la próxima entrega de esta serie: Cómo planear y revisar las escenas para lograr la máxima efectividad.

Gracias por tu lectura. Espero que te haya sido provechosa.

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Referencia: Scene and Structure, Jack M. Bickham.

Fotografía: Davey Heuser, Unsplash.

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