El detective en la novela policíaca

¿Qué detective? Porque hay varios tipos. Antes de comenzar a escribir tu novela, debes elegir el detective que va a dirigir la investigación del crimen que has perpetrado y, para ello, has de tener en cuenta las características de un tipo y otro a fin de saber cuál es la que conviene a tu historia.

detective

En la entrada anterior de esta serie, hacíamos una pequeña introducción Los protagonistas de la novela policíaca. En la de hoy, vamos a hacer un breve repaso de los tipos de detectives con los que contamos y las características predominantes de cada uno de ellos.

 

Elección del detective

La primera idea clara que debes tener es qué tipo de detective quieres para tu historia. Puede ser un policía, pero también un detective privado e, incluso, un detective aficionado. Salvo en este último caso, en los dos primeros el lector espera que tu investigador sepa lo que hace. Los lectores, estamos demasiado acostumbrados a ver series policíacas en televisión (aunque en ellas también se cometen errores garrafales) como para que nos den gato por liebre.

 

El detective profesional

El detective profesional es alguien a quien se le paga por resolver un asesinato y la profesión a la que se dedica puede encontrarse dentro de un abanico abundantísimo: policías de homicidios, detectives privados, abogados criminalistas, fiscales, periodistas, forenses, etc.

Un punto de suma importancia antes de optar por una u otra profesión es que debes conocerla bien. Cada detalle que menciones ha de ser preciso. Si tu personaje es un abogado criminalista, debe pensar y comportarse como tal, debe conocer la ley y cómo funciona el mundo en el que trabaja y vive.

Ten en cuenta que el lector va a estar familiarizado con ciertos procedimientos policiales, lo cual significa que no puedes permitirte errar en detalles que de inmediato llamarían su atención. Lo cual te obligará a realizar un exhaustivo trabajo de investigación.

 

El detective aficionado

Si optas por este tipo de detective, lo tienes un poco más fácil en ciertos aspectos, puesto que cualquier personaje puede convertirse en repentino investigador, desde una astuta anciana hasta una mocosa entrometida.

Obviamente, en este caso tu detective no tiene como profesión la de detectar, es decir, no vive de resolver crímenes y, por tanto, lo normal es que no conozca todos esos procedimientos (forenses, policiales, legales, etc.) que un detective profesional ha de dominar.

Por otra parte, el detective aficionado se va a encontrar con una dificultad que habitualmente no afecta a los detectives profesionales: la obtención de información. El detective aficionado no cuenta con un grupo de la policía científica, ni tiene acceso a los informes forenses, ni puede interrogar a los sospechosos… Es decir, si no eres creativo, tu detective aficionado está atado de pies y manos. Que esto no suceda requerirá por tu parte un derroche de creatividad a fin de lograr que tu detective tenga el suficiente éxito en sus indagaciones como para que la novela avance.

Los escritores audaces 😉 nos atrevemos a mezclar ambos tipos, como ocurre en mi serie Carter & West. Un inspector del Yard. Una joven entrometida. Detective profesional y detective aficionado. Una mezcla que da para mucho… y para más 😉

Próxima parada: El asesino. No te pierdas la entrada 🙂 Y si ésta te ha resultado interesante, ¿me ayudarías a promocionarla en las Redes Sociales? Gracias 🙂

Mucho más sobre estos personajes en el Taller de Novela Policíaca de Ateneo Literario.

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Fotografía: Pixaby.

 

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