Estructura de la novela

Estructura de la novela – Cómo conducirla del principio al fin sin ahogarse.

Estructura de la novela: cómo empezarla y acabarla

Doy por supuesto que el título de hoy da una idea clara del contenido de la anotación y supongo que el lector se estará preguntando: ¿Pues cómo voy a empezarla? Obedeciendo fielmente la estructura de la novela que a todos nos han enseñado: comenzaré con una presentación, continuaré con un nudo y acabaré con un desenlace.

Y es que, en cuanto la idea que creemos ideal para un novela aparece en nuestra mente, casi todos creemos saber perfectamente cómo la empezaremos y cómo la acabaremos, y, puesto que a todos nos han explicado las tres partes que componen la estructura de la novela, basta con que esa idea aparezca para que nuestro cerebro comience a trabajar frenético: Las cosas empezarán de esta manera (presentación), continuarán más o menos así (el nudo es lo que al principio tenemos menos claro) y terminarán (desenlace) de este modo.

Y el lector tiene razón. Desde la Poética de Aristóteles, ésa (presentación, nudo y desenlace) es la estructura de la novela que se ha venido utilizando. Sin embargo, no es esto a lo que me refiero cuando hablo de cómo empezarla y cómo acabarla, sino a los elemenos esenciales que cualquier escritor debe tener en cuenta cuando se plantea la escritura de una novela.

Y el primero de ellos va a sorprenderte porque no es precisamente un ingrediente de la técnica narrativa, sino el eslabón psicológico que como escritor necesitas utilizar para apresar al lector y encadenarlo a las páginas de tu historia. Así que grábalo en la mente y  tenlo presente antes incluso que la propia estructura de la novela porque es un hecho incontestable con el que has de contar siempre: la impaciencia del lector.

 El lector es impaciente, así que engánchalo ¡ya!

Quizá como lector te hayas percatado de ello: las novelas que comienzan sin que nada ocurra en los primeros párrafos o (siendo un poco generosos) en las primeras páginas, impacientan al lector. ¿Por qué? Porque los seres humanos somos volubles en lo que respecta a nuestra atención. Deseamos verla complacida y satisfecha antes de decidirnos a entregarla sin reserva. Desde la primera palabra, el lector quiere saber si hay algo en aquella historia que le vaya a interesar y qué es lo que vas a ofrecerle para que acepte entrar en tu mundo y se sienta predispuesto a participar en él. De modo que si quieres que el lector se quede contigo, tu primera misión es la de adueñarte de su interés, hacerlo tuyo y no dejarlo marchar hasta que hayas puesto el punto final a tu historia.

Muchos autores de libros sobre técnicas narrativas aleccionan acerca este hecho, y Bickham no es una excepción. También él nos advierte de que las prisas del lector son un elemento fundamental a tener en cuenta a la hora de escribir una novela: más nos vale -dice- que aprendamos pronto el modo más rápido y preciso de mover la historia. Y, para ello, nos aconseja tener siempre en mente algunos aspectos sobre las “necesidades” y “deseos” de los lectores:

¿Y qué es lo que quiere el lector?

  1. El lector se siente fascinado y amenazado por los cambios significativos.
  2. De modo que quiere que la historia comience con un cambio. Y tú, como autor, es lo primero que tienes que darle.
  3. Este cambio, que revolucionará la vida del protagonista de tu historia, provocará que el personaje principal se marque un objetivo concreto.
  4. Y este objetivo planteará una pregunta dramática por la que el lector se sentirá interesado.
  5. Por supuesto, el lector de tu historia exige que esa pregunta dramática sea contestada al final de la historia. Si no lo haces, no esperes que hable bien de ti; y si lo haces con trampa, se sentirá estafado. Pero de ello hablaremos en futuras anotaciones.
  6. Por último (y esto es lo que debes tener presente constantemente mientras escribes) el lector pierde la paciencia con bastante rapidez cuando el material que se le ofrece no tiene nada que ver con la pregunta dramática que has planteado y con la que has movido su curiosidad.

De modo que, como ves, son muchos los elementos a tener en cuenta cuando nos disponemos a escribir una historia. El primero de ellos: un cambio. Así es como debes empezar tu historia.

Veremos cada uno de esos elementos con detalle en las próximas anotaciones y empezaremos con El cambio inicial.

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Referencia: Scene and Structure, Jack M. Bickham.

Fotografía: Chris Brignola. Unsplash.

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