Como ya dije en el artículo anterior, la motivación del personaje es lo que hace que la historia se mueva, puesto que esa motivación es la que impulsa al personaje a tener que elegir y actuar. Pero las motivaciones son, en principio, de naturaleza emocional: debido a un cambio que se ha producido en su vida (el cambio inicial con el que siempre debemos comenzar nuestra novela) o a algo ocurrido en su pasado, el personaje experimenta una o una serie de emociones que le impelen a conseguir un determinado objetivo,es decir, que le motivan.



Estas motivaciones pueden ser dispares, aunque en muchos casos, su origen parte de una emoción, como:

  • La venganza.
  • La justicia.
  • El temor.
  • El resentimiento.
  • El sentimiento de culpa.


Y, en cualquier caso, son esas motivaciones las que llevan al personaje hasta la acción.

Las acciones de los personajes

La acción es la manera en la que el personaje responde a esas motivaciones y siempre hemos de tener en cuenta que lo que, sea cual sea la acción que realice, no sólo le afecta a él, sino que es de gran importancia para dirigir la trama hacia el punto que el autor necesita que vaya. Sin embargo, ¡cuidado! La motivación debe ser propia del personaje, no del autor, aunque el escritor la utilice para lograr sus propios fines.

Y es que éste es un aspecto importante a tener en cuenta: el autor debe trabajar para la historia, no la historia para las necesidades del autor. Veamos un ejemplo:

  • Acción: Joe, un bróker de la Bolsa de Nueva York, sale a navegar en su velero cada sábado al amanecer.
  • Motivación: Le gusta alejarse del mundo y relajarse del estrés semanal en la soledad del mar.
  • Motivación del autor: el autor necesita que Joe salga cada sábado por la mañana en su velero para que el asesino que lo persigue tenga pautada la norma de nuestro personaje y pueda aguardarlo en el muelle, a unas horas en que no hay nadie, para asesinarlo.

Esto implica que, para que la acción sea creíble, a lo largo de la novela y hasta que se produzca el asesinato, el autor deberá hacer que Joe salga a navegar todos los sábados antes del amanecer. De no hacerlo así, la credibilidad de la acción no se sostendrá y el lector encontrará extraño que un asesino sepa lo que piensa hacer Joe el sábado por la mañana y pueda, así, aguardarlo en el muelle.


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Habitualmente, el lector está tan inmerso en el objetivo del protagonista que puede llegar a resultarle bastante difícil aceptar las acciones que desarrolla el personaje si éstas son endebles e incoherentes con respecto al objetivo que persigue. De modo que el escritor debe tener especial cuidado en este punto si quiere que el lector se crea la historia y no ponga en duda la verosimilitud del personaje.


Conocer al personaje a través de sus acciones…

También es importante señalar lo necesarias que son las acciones para dar a conocer al personaje. Habitualmente, un error típico que cometemos cuando somos escritores primerizos es presentar a nuestros personajes a través de descripciones, a veces interminables, cuando el método más efectivo para que el lector conozca y entre en contacto con nuestro personaje es utilizar las acciones que éste realiza y a través de las cuales muestra su personalidad y naturaleza. Seguro que el lector de esta anotación ha oído aquello tan manido de muestra, no cuentes. Pues bien, utilizar las acciones de los personajes para mostrar cómo son los personajes es la técnica más efectiva con que el escritor cuenta para darlos a conocer al lector y para ir delineando lo que se conoce como el arco dramático del personaje, es decir, el modo en que va cambiando según la historia avanza. Esto, entre otras cosas, hace que el mundo de nuestra novela parezca vivo y ése es el gancho perfecto para atrapar al lector.


… y de sus reacciones

Pero no sólo las acciones de nuestros personajes deben ocupar nuestro interés como escritores. Tan importantes como ellas (y en numerosas ocasiones incluso más) son sus reacciones. Con una determinada reacción de nuestro protagonista podemos desvelar cierto matiz de su personalidad o de su carácter que no podría ser revelado a través de la acción o del diálogo. Las reacciones siempre indican que algo es importante para un personaje. Si no lo fuera, no reaccionaría ante ello. De manera que, cuando hacemos que nuestro protagonista reaccione ante las acciones de otro personaje, sus palabras o incluso sus intenciones, estamos indicando al lector que lo que está ocurriendo es importante, conseguimos que se fije en ello y nos ganamos su interés. De igual forma, si algo que ocurre en nuestra historia no provoca una reacción en nuestro personaje, eso indica que lo sucedido tiene poca importancia (quizá ninguna) para él (y también debería advertir al escritor sobre la necesidad de incluirlo en la historia o no).


En conclusión

La vida del personaje principal se ve afectada por un cambio o por algún hecho de su pasado que la vuelven del revés. De este modo, el personaje se ve obligado a marcarse un objetivo: devolver su vida a la normalidad, y será este objetivo el que lo motive a actuar. Una vez que tenemos este trabajo hecho, será el turno de ocuparnos de esas acciones, que constituirán el motor que impele la trama y hace avanzar la novela. Y, por otra parte, no olvidemos nunca que tanto las acciones como las reacciones de nuestro personaje son el mejor aliado del escritor para darlo a conocer, para conseguir que el lector lo crea un ser real, dotado de vida y humanidad.


 

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Fotografía: Michael Radwin, Flickr.

 

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