El narrador en la novela policíaca

A la hora de escribir una novela, una de las decisiones más importantes que debe hacer el escritor es la de elegir el tipo de narrador que va a contarnos la historia  y la voz narrativa que conviene en cada caso. Una voz que debe ser distinta según las necesidades de la historia y también según el tipo de personaje que la narre.

El narrador en la novela policíaca

El punto de vista

En el caso del género policíaco, esta decisión, de hecho, es crítica puesto que el autor debe jugar limpio con el lector en todo momento y, por tanto, ha de suministrarle la información necesaria para que pueda resolver el crimen.

Por ello, el punto de vista desde el que hayas decidido que se va a contar la historia debe ser uno que tenga acceso a la información que necesitas ir proporcionándole al lector. En palabras simples: esa esa voz ha de conocer todos los elementos indispensables que hay que darle al lector para que pueda resolver el caso.

Cuando nos enfrentemos a esta tarea, veremos que, a efectos prácticos, contamos con dos posibles puntos de vista. Podemos escribir en primera persona o en tercera.

Veamos las ventajas y desventajas de cada uno de ellos.

 

El narrador en primera persona

El escritor novel encontrará en esta persona una voz fácil con la que expresarse. Bajo el pronombre personal “yo”, el autor se mueve con mucha mayor facilidad a la hora de crear la historia. Es, además, una voz fuerte, en el sentido de que está presente no sólo como una voz que el lector oye de fondo, sino como una persona real que toma parte en los hechos que se están narrando, ya sea porque ese “yo” corresponde a la figura del detective, ya porque esté encarnado en un personaje que realiza la labor de observador y va contando lo que ve. El personaje del doctor Watson que Conan Doyle eligió como acompañante de Sherlock Holmes y narrador de sus aventuras es un perfecto ejemplo de este observador del que hablamos.

Algunas ventajas

El narrador en primera persona proporciona al escritor algunas ventajas a la hora de contar la historia. Por ejemplo, aporta una inmediatez que un narrador en tercera persona no lograría activar en la historia. Metido en la piel de ese narrador que habla bajo un “yo”, el lector se siente mucho más partícipe de las aventuras que está leyendo, puesto que se identifica con ese “yo”, desde el que resulta infinitamente más sencillo transmitir las emociones. El lector se siente parte del protagonista, ve y oye por sus ojos y oídos, asiste a todos y cada uno de sus pasos en primera persona. No se los cuenta nadie, el lector los vive, es un espectador directo. Por tanto, como se apuntaba un poco más arriba, el narrador en primera persona hace del lector su propio cómplice. Un “colaborador” comprometido y fiel.

Algunas desventajas

Sin embargo, narrar la historia en primera persona también conlleva algunos inconvenientes, sobre todo a la hora de urdir la trama ya que el escritor sólo cuenta con ese personaje que habla bajo un “yo” para transmitir al lector todas las pistas que necesita para resolver el caso y, como es obvio, ese “yo” no puede estar en todas partes al mismo tiempo, de modo que ¿cómo podremos darle al lector toda esa información imprescindible que le permita llegar a la resolución del crimen?

La única forma es que cada uno de los elementos indispensables que ha de conocer el lector debe llegar al conocimiento del narrador en primera persona bien porque es testigo él mismo de los acontecimientos, bien porque alguien más se los cuenta. Y esto puede poder más de una zancadilla al trabajo del escritor cuando está planificando la trama de la historia.

Una solución para salvar algunos de estos inconvenientes es la de utilizar más de un punto de vista. Es decir, hacer que la narración no recaiga sobre un único “yo”. Podemos contar la historia en primera persona utilizando varios personajes para que nos la narren desde su “yo”. De esta manera, tendremos acceso a lugares a los que no puede acceder unos de los personajes, pero sí otro de ellos. E incluso es posible utilizar el punto de vista en primera persona para algunos pasajes de la novela y el de tercera para otros.

De esta forma, el escritor tiene más fichas con las que jugar, pero también debe poner mayor cuidado a la hora de narrar su historia y saber mantenerse en el punto de vista que ha elegido para contar una determinada escena o capítulo sin permitir que haya interferencias de los otros puntos de vista que también utiliza.

 

El narrador en tercera persona

Con un narrador en tercera persona no se consigue la misma cercanía que se logra con uno en primera. El escritor cuenta la historia desde un “él” o “ellos” y el lector no puede meterse en la piel de ese “él” o “ellos” como sí hace con el “yo”. De modo que la primera característica del narrador en tercera persona es que el escritor establece una mayor distancia entre el narrador y el lector.

El narrador en tercera persona, sin embargo, concede al escritor muchísima más libertad que la que proporciona un narrador en primera. Desde ese “él”, el escritor cuenta con una mayor movilidad y control de la historia. El narrador en tercera persona le permite al escritor una flexibilidad que el de primera persona no le consiente.

Por otra parte, el uso de un narrador en tercera persona es una herramienta muy útil a la hora de crear o incrementar el suspense así como para conseguir que el lector pueda observar la historia desde distintos ángulos y conocer a los personajes a través de los ojos de otros personajes.

Esto es así porque la tercera persona permite contar la historia a través de tres puntos de vista diferentes:

1. El narrador múltiple. Con este tipo de narrador el lector puede experimentar los hechos que se narran a través de los ojos o experiencias de uno o más personajes.

2. El narrador objetivo. A través de los ojos de este narrador, el lector conoce los hechos de forma fría y aséptica, sin que ninguna emoción u opinión acerca de esos sucesos se transmita en el relato de los acontecimientos y sin que el lector pueda participar de los pensamientos de otros personajes.

3. Omnisciente. Este narrador no sólo conoce hasta los rincones más oscuros de la historia, sino que se permite la licencia de opinar acerca de ellos, interpretarlos e incluso explicárselos al lector.

 

Una vez vistas las posibilidades que ofrece cada voz narrativa, es tarea del escritor la de elegir la que mejor convenga a su historia, teniendo en cuenta los pros y los contras de cada una de ellas.

El escritor novel, además de realizar este trabajo, debe estar muy atento y mantener el punto de vista desde el que ha elegido escribir, porque uno de los errores más comunes entre los escritores principiantes es el de cambiar dentro de una misma escena el punto de vista desde el que se narra. Recuerda que esto no se puede hacer. El punto de vista elegido para narrar una escena o un capítulo debe ser el que se utilice a lo largo de toda esa escena o capítulo.

 

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Bibliografía: Youdunit whodunit! How to write mysteries, Nicola Furlong

Fotografía: Jeff Sheldon, Unsplash.

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