Tipos de secuelas 

Los tipos de secuela era el artículo que prometíamos al acabar la entrada anterior, en la que presentamos su estructura. Como lo prometido es deuda, en este artículo vamos a dar debida respuesta a aquella promesa 🙂

Tipos de secuela

Dependiendo de la magnitud del desastre final de nuestra escena, vamos a necesitar un tipo de secuela u otro. En este artículo veremos que en ocasiones la secuela puede despacharse en un parrafito, con unas cuantas frases bien elegidas, y en otras, sin embargo, necesitaremos “saltarnos” (de momento) la secuela para volver a ella después.

Vamos a verlo.

La mini-secuela

Imaginemos que una escena termina con un desastre que requiere una respuesta inmediata por parte del personaje sobre el que recae el punto de vista. Podríamos escribir una secuela, tras ese desastre, que se redujera a un breve párrafo. Algo como esto:

Cuando vio que Brad se desplomaba sobre el asiento del piloto y que el Cessna comenzaba a rodar, Connie se paralizó por el terror (emoción). (Ahora tendríamos que incluir el segundo componente, la reflexión, pero aquí nos la vamos a saltar y pasamos directamente al siguiente elemento: de decisión). Lo único que podía hacer era tomar el control (decisión)Agarró los mandos del avión y… (acción).

Y ya tenemos a Connie en la siguiente escena.

Como vemos, en un simple párrafo hemos solucionado la secuela de una escena y la hemos unido rápidamente con la siguiente: el desastre de la primera (el piloto pierde el conocimiento) se une con sólo unas cuantas palabras al inicio de la segunda: Connie agarró los mandos del avión y… Billete directo a la siguiente escena.

 

Secuela en retrospección

Otras veces, la presión es incluyo mayor y no permite este tipo mini-secuelas. Son ocasiones en las que el desastre es tan grande y requiere una respuesta tan inmediata, que ni siquiera un breve párrafo como el anterior tendría cabida entre las dos escenas. La inserción de una secuela de unión en estos casos no sólo es innecesaria, sino que podría resultar incluso absurda al detener una acción que necesita ser inmediata.

Sin embargo, el lector espera esa secuela y no podemos quitársela. En su subconsciente, el lector conoce la regla de escena-secuela-escena, de modo que si no introducimos la secuela, sabrá que algo falla.

¿Entonces qué hacemos? Tranquilos, hay algún recurso que puede solucionarlo. Imaginemos que nuestra escena ha terminado con un niño que cae a un lago helado porque el hielo se ha resquebrajado. Nuestro protagonista debería recorrer todos los pasos que hemos explicado y que conforman una secuela, pero para entonces el pobre niño probablemente estaría muerto. De modo que no hay tiempo. El protagonista debe ponerse en acción, salvar al niño, luego llevarlo al hospital, etc.

Esto significa, que nos saltamos la secuela.

¿Pero es eso posible? ¿No hemos quedado en que necesitamos la secuela para unir una escena con otra? Sí, pero si el desastre final de nuestra escena requiere una acción inmediata, debemos saltarnos la secuela y luego… , en algún punto posterior, dentro de la historia, el escritor inteligente encontrará un hueco para introducir una retrospección. Es decir, el escritor debe volver al momento que debería haber ocupado la secuela y contarnos lo que deberíamos haber sabido entonces, de manera que el lector se sienta satisfecho.

Por ejemplo, después de salvar a nuestro niño, llevarlo al hospital y ponerlo bajo cuidado médico, podemos añadir algo como: Era ya medianoche, diez horas después del incidente. Sentada frente a la chimenea, Madison bebió un sorbo de brandy y tembló. “Cuando vi que Jimmy caía al lago helado”, dijo, “fue como si alguien me hubiera golpeado en el pecho y…”.

Y ya tenemos la secuela que hará feliz al lector.

Es decir, siempre que nos saltemos una secuela, aunque sea por una buena razón, debemos preguntarnos si es necesario que narremos parte de ella en algún momento posterior de la historia, para satisfacer la necesidad que siente el lector de que los componentes estructurales del ciclo escena-secuela-escena estén completos.

 

Fotografía: Matthew Wiebe, Unsplash.

Referencia: Scene and Structure, Jack M. Bickham.

 

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