Acelerar el ritmo de la narración

Si has venido siguiendo la serie de entradas en las que hemos hablado de la escena literaria y la secuela, y por consiguiente ya conocer tanto la estructura como la función de una y otra, te habrás dado cuenta de que mientras la acción tiene lugar en la escena, la reflexión se hace dueña de la secuela.

Lo cual ya nos da una importante indicación acerca del ritmo en la narración de nuestra novela: todo aquello que suceda durante la escena se moverá con rapidez, mientras que la cavilación, especulación o introspección que sucede durante la secuela requiere un paso sosegado.

Acelerar el ritmo de la narración

Lo cual sirve de excelente base para el escritor, que puede así controlar el ritmo al que avanza su novela. Si es lento, necesitarás reconsiderar la acción introducida en las escenas y también la posibilidad de recortar las secuelas. Si, por el contrario, la historia corre que se las pela y necesita ralentizar el ritmo, deberás hacer justo lo contrario: recortar las escenas y alargar las secuelas.

 

Si el ritmo es lento, aumenta la acción en la escena y recorta la secuela; si es rápido, recorta la escena y alarga la secuela.

Jack M. Bickham

 

Cómo acelerar el ritmo

 

Cárgate la secuela

Cuando percibas que el ritmo de la narración es demasiado lento y te encuentras en un caso en el que dos escenas se siguen, la una a la otra, con una lógica aplastante, de manera que el final de la primera de ellas no puede más que resultar en el principio de la siguiente, suprime la secuela. La lógica con la que se suceden las dos escenas será suficiente para que el lector no se pierda.

 

La frase puente

Si no se da el caso anterior y necesitas una secuela que una las escenas, redúcela a una simple frase que sirva de nexo entre ellas y proporcione al lector un puente por el que pueda pasar de una a otra. Abrevia la secuela de manera que el ritmo se incremente.

 

Corta el rollo

No aburras al lector con una secuela interminable. Repásala palabra a palabra, frase a frase y pregúntate si todo lo que hay en ella es realmente necesario. Recorta aquellas partes que no aporten nada a la historia y que no sean necesarias para unir una escena con la siguiente.

 

Alimenta las escenas con acción

Repasa también las escenas. Es posible que en alguna de ellas exista la posibilidad de dar un empujón al ritmo y acelerarlo incluyendo más acción. Ya sea a través de un enfrentamiento entre el protagonista y el antagonista, o una situación extrema para nuestro personaje principal, o… Cada vez que el ritmo decaiga, pregúntate cómo puedes volver la escena más emocionante. Encuentra un modo de hacerlo e inclúyelo.

 

Acrecienta el desastre

Otra forma de acelerar el ritmo es examinar el desastre final con el que has terminado una escena. Si ves la posibilidad de incrementar ese desastre, haz de él un inmenso desastre. Uno que ponga en un mayor aprieto al protagonista. Uno del que parezca que no va a poder salir.

 

Pon el cronómetro en marcha

No permitas que tu protagonista avance por la novela al paso. Oblígalo a galopar. Si, una vez más, el ritmo es lento, pon en marcha un cronómetro: fija un punto temporal que, una vez traspasado, no dé lugar a retorno alguno. Haz que el protagonista sude para conseguir el objetivo propuesto antes de que el gong de la campana suene. Y, además, recuérdaselo constantemente (a él y al lector): Queda una hora. Quedan treinta minutos. Quedan diez. Sólo dos. Cuarenta segundos. ¿Qué cable ha de cortar, el verde o el rojo? Veinte segundos. El alicate se dirige al rojo. Siete segundos. ¡No! Cinco segundos. ¡Dios mío, cuál! Tres segundos. ¿Rojo o verde? Un segundo. ¡Verde!

Y… la bomba no estalla, naturalmente.

 

No te aferres a una idea

El ritmo de tu historia es lento. Has repasado cada una de las propuestas anteriores y ninguna de ellas parece resolverte el problema. ¿Qué haces? Repasar el papel que has asignado a tu protagonista y a tu antagonista. ¿De qué manera puedes cambiar los planes que tienes pensados para ellos con el fin de que las escenas se sucedan con mayor rapidez y tensión? Reconsidera tu primera idea.

 

–Muy bien, genial, ya tengo el modo de acelerar el ritmo de mi narración, ¿pero y si mi problema es justo el contrario? ¿Y si mi historia va tan rápida que deja sin aliento incluso al lector?

–Ralentiza el ritmo.

–Ah, genial, gracias. ¿Pero cómo lo hago?

–Estate atento a la siguiente entrada 😉 Cómo ralentizar el ritmo de la narración.

 

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Además, me gusta saber lo que piensas. ¿Un comentario? 🙂

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Fotografía: Yulia Vambold, Unsplash.

Créditos: Scene and Structure, Jack M. Bickham

 

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