¡Quiero que me devuelvan mi trozo de alma!

¡Llevo varios días pensando en el tema que ocuparía la primera entrada del año en este nuevo blog que se convierte, desde hoy, en una página de autor (si no lo advertí antes, lo hago ahora: todo lo referente a las técnicas y trucos del oficio de escribir pasa a publicarse en Ateneo Literario), pero por más que le he dado vueltas a la cabeza, no acaba de ver un modo atractivo, para los lectores y para mí, de empezar.

Hasta que vi esto en Twitter:

 

alma

¡Libros y lectura! De eso vamos a hablar hoy y de por qué a mí me toca un trozo menos de alma de la que me correspondería. Hummmmm 🙁

¿Por qué quieren arrancarnos el alma?

Dice Cicerón que un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma, y cuando una mira a su alrededor tiene la triste sensación de que el mundo de hoy quiere arrebatarnos el espíritu a base de inundarnos cada poco con tsunamis tecnológicos y con los programas basura que escupe la televisión a todas horas.

En mis clases de la ESO, el alumno lector es cada vez más anecdótico, mientras que abundan los que sueñan con presentarse a Gran Hermano en cuando alcancen la mayoría de edad. ¿Sorprendido? No lo estarías si entraras en un aula y pasaras en ella un solo día de tu vida. Hay más lectores en un vagón de metro un día cualquiera a primera hora de la mañana que en toda la ESO y el bachillerato de un colegio con tres líneas. Lo digo así, a ojo…, ¡pero existen encuestas que me respaldan!

 

En el reparto de almas, ¿les toca más a los nórdicos?

Según una de las absurdas encuestas realizadas por el CIS, el 35% de los españoles lee poco o nada, lo que da lugar a un reparto de 8,6 libros por español y año frente a los 47 que lee un finlandés. Este tipo de prorrateo es absolutamente irreal, por supuesto (de ahí el adjetivo “absurdas”), porque, ateniéndonos a estas medias, la realidad es que yo estoy por encima del lector medio nórdico, lo cual no es que me haga más o menos feliz, pero como parte de mis lecturas se las han asignado a un español que no ha abierto un libro en todo 2015, al final me quedo con un sencillo espíritu versión 8,6. Y oye, ¡no es lo mismo, caray! Las prestaciones de un 8,6 distan mucho de las que ofrece un espíritu versión 47.

 

¡Devuélveme mi trozo de alma!

Cuando una es consciente de esto, no puede dejar de preguntarse ¿A quién le han asignado el pedazo de alma que me gané en 2015 a cambio de incrementar mi presbicia?

Este tipo de descubrimientos hacen que me revuelva contra todo y contra todos, lo cual sin duda tiene repercusiones negativas en la versión 8.6 que el CIS ha estipulado para mí y que igual ahora ha bajado hasta una 4.8. ¿Significa eso que tendré que leer aún más en 2016 para recuperar el trozo de alma perdida a causa de mi rencor?

Por el momento ya me aplico en la lectura de 25 libros escritos en español, el primero de los cuales, La isla del fin de la suerte, acabo de terminar y del cual tendréis noticias en breve. Luego, además, hay en mi lista algún nuevo  título de los que recomienda Mónica Gutiérrez en su artículo para Ateneo, 10 novelas feelgood del siglo XX.

En cualquier caso, y a fin de resolver la injusta mengua en la porción de alma que me toca en el reparto a cuenta de los tejemanejes del CIS, deseo que los Reyes esta noche no traigan carbón a los niños españoles. No…, qué va.

¡Libros, que les traigan libros y me devuelvan el pedazo de alma que me corresponde! ¿A que es lo justo? 😉

 

Feliz día de Reyes, amigos. Que os bendigan con abundantes e inolvidables lecturas.

 

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