Los crímenes azules, una novela de Enrique Laso, viene hasta estas páginas para cumplir con el reto 25 españoles y a causa de la tarea que me he impuesto para este año de leer más novela policíaca nacional.

Los crímenes azules - Enrique Laso

 

Los crímenes azules, de Enrique Laso

Los crímenes azulesNo recuerdo bien cómo conocí esta novela. Pero el caso es que, ya fuera husmeando por la Red, o tal vez porque me topé con el libro en las redes sociales, fui a dar con ella en Amazon y la compré. Quizá fuera porque me llamó la atención el título y la sinopsis me dio una idea de por dónde iban los tiros, o quizá por mi tarea autoimpuesta de leer más novela policíaca nacional, no lo sé, pero Los crímenes azules acabaron por venirse conmigo a través de mi Kindle.

No voy a decir que me arrepiento (a pesar de la crítica que hago de ella un poco más abajo: de entre los escritores autopublicados que he leído últimamente, Laso es bastante pasable), pero las expectativas creadas por los comentarios que otros lectores habían dejado en Amazon no me han satisfecho. Si la pretensión del autor era la de entretener, no diré que no lo haya hecho: Los crímenes azules es un novela con la que se pasa el rato, pero nada más. No me ha enganchado, a veces me he perdido el hilo de la historia, no por intrincado, sino por el insistente egocentrismo del narrador, un, al parecer, prometedor agente de la unidad de conducta del FBI. Y es que Enrique Laso la ha pifiado con este tipo.

Narrada en primera persona, Los crímenes azules cuenta la investigación de un caso en el que han muerto dos chicas de forma muy similar en el mismo pueblo y que parece relacionado con el asesinato de otra joven ocurrido veinte años antes. Hasta allí llega un equipo de la unidad de conducta del FBI, con un tal Ethan Bush al frente.

 

Un narrador insoportable

Este psicólogo, que viene de realizar un exactísimo perfil psicológico de un asesino en serie al que la policía de Detroit ha podido detener gracias al acierto de Ethan Bush, es, además de protagonista, la voz narradora que nos cuenta la historia. Pero es una voz narradora insoportable. A lo largo de la novela, ha habido muchas veces en que me han dado ganas de introducir la mano en el Kindle y abofetear al personaje.

Intrusiva, acaparadora, infantil y en ocasiones hasta pelín manipuladora, la voz de Ethan Bush se apropia de la novela y no permite al lector ni el más pequeño de los intentos por desvincularse de ella. Además de que estropea puntos favorables que tiene la novela, como la recreación del ambiente en el que, sin embargo, no llegas a introducirte precisamente por la constante charla del narrador en torno a su propio yo.

 

Personajes demasiado tópicos y típicos

Y es que el elenco de personajes que presenta Enrique Laso en Los crímenes azules no pasa un test de originalidad ni aun preparándose el examen. Pese a ello, podrían haber llegado a ser aceptables si Ethan Bush se lo hubiera permitido. Imposible. Al narrador de Laso debe de salirle sarpullido cada vez que otro personaje entra en escena. Bush centraliza la historia alrededor de él y sólo de vez en cuando permite un diminuto papel a alguno de sus compañeros, que dicen su frase lo mejor que pueden y hacen mutis por el foro sin que el lector pueda conocer de ellos más que lo que el protagonista autoriza.

Entre su mal papel como narrador y las pifias que comete, a Ethan Bush, además de sobrarle mucho egocentrismo, le falta un hervor. Presentado como uno de los futuros genios de Quántico, en realidad es un personaje que da risa. Laso nos endosa como protagonista a un tipo cuya genialidad le ha valido, al parecer, una fama que el tipo no ha sabido digerir y cuya razón de ser no he logrado entender a lo largo de toda la novela. Inseguro, pueril y vanidoso hasta hacerse aborrecer, el genio de Quántico parece un niño perdido en unos grandes almacenes en busca de su papá.

Un agente con un futuro prometedor, pero que no puede meter más la pata porque a Laso no se le ha ocurrido cómo. Y es que la novela tiene un serio problema de verosimilitud…

 

Los crímenes azules y su problema de verosimilitud

1. Y es que…, ¿es verosímil que todo un hombre hecho y derecho, por mucho trauma que sufra debido a la muerte de su padre, vaya llorando por las esquinas de la novela?

No. Ni aun mediando la razón que el autor da para ello (atención, spoiler): ver en el asesino una representación de su padre y sentir un afecto que le conducirá después a un sentimiento de culpa insuperable por haberlo llevado ante la Justicia.

2. ¿Es verosímil que un agente del FBI descubra las páginas del diario de una de las víctimas y no sólo no las lea de inmediato porque siente que está violando la intimidad de la víctima (¿?) sino que, además, le oculte el hallazgo a su propio equipo?

No, tampoco es verosímil. De hecho, por una parte da risa la excusa que se busca Laso para que no lea las páginas inmediatamente después de su descubrimiento y, por otra, el aborrecimiento del lector por el personaje aumenta cuando deja a su equipo fuera…

3. ….o dentro de la casa trabajando como curritos mientras él se va a correr o a acostarse con una sospechosa, subterfugio de que se vale el autor para hacer tambalear, por un lado, la relación amorosa, ya inexistente, con su compañera de trabajo, y, por otro para, introducir una relación peligrosa que no logra llegar a serlo o dar la impresión de que lo ha sido.

4. Y, por último, el pequeño detalle de ocultar al lector la identidad del personaje que ha dado el chivatazo a la prensa es muy feo. Muy, muy feo. No crea suspense, si eso es lo que pretendía crear Laso, y, sin embargo, molesta y acaba por llenar con una última gota de decepción el vaso de los despropósitos.

 

Un final predecible…

…y, a mi modo de ver, no bien resuelto, además de poco verósimil, de nuevo. ¿De verdad alguien se cree el motivo que tiene el asesino para matar? Uffff, no sé. A mí no ha logrado colármelo…

Así es Los crímenes azules. Una novela con potencial, pero que, desde mi punto de vista, el autor no ha sabido conducir de forma correcta. Se pasa el rato con ella, pero nada más, sobre todo cuando le pides mucho, mucho más a una novela de suspense.

 

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