Hoy toca hablar de las coartadas de nuestra novela policíaca, un ingrediente específico de este género que tendrás que trabajar muy bien de forma que dificultes con ellas tanto la labor del detective como la percepción que el lector va haciéndose del crimen.

Ahora bien, ¿tienes claro qué es y para qué sirve una coartada? Déjame que te sorprenda… 🙂


coartada

 

Qué es una coartada

Si quieres escribir una buena novela policíaca, lo primero que debes tener claro es que cualquier historia perteneciente a este género gira en torno a la respuesta de dos preguntas básicas:

1. ¿Por qué alguien (uno de nuestros personajes) querría matar a la víctima? Esto se llama motivo.

2. ¿Qué prueba tiene el detective de que un personaje determinado no podría en ningún caso haberla asesinado? Esto se llama coartada.

¿Por qué es importante que siempre tengas presente estas dos preguntas, casi como un mentor que te guía en la escritura de tu novela? Porque en tu historia los personajes han de tener un motivo razonable para haber asesinado a la víctima, pero al mismo tiempo deben contar con una fuerte coartada que demuestre la imposibilidad de haber cometido el crimen.

Si no es así, perdona que sea tan franca, pero…

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😀


Pero volviendo a nuestro tema de hoy y dicho de una manera muy sencilla: una coartada es algo tan simple como la demostración que acredita que un personaje, llamémosle Peter Craft, no pudo cometer el asesinato porque, en el momento en que sucedió, el señor Craft se encontraba en otro lugar que no es la escena del crimen.

¿Fácil? Pues no lo es, lo siento. Parece que hoy estoy toca narices, pero es que no es tan sencillo, y por eso dotar de una buena coartada a nuestros personajes require tiempo, trabajo y muuucha paciencia. No basta con que alguien diga que tú estabas en tal sitio, distinto a la escena del crimen, cuando se cometió éste. Una coartada así es perfectamente refutable a menos que muestre (por ejemplo en un vídeo) que te encontrabas en ese lugar (e incluso así podrías haberla falsificado).

Pero vamos por partes.

 

¿En realidad…, qué es lo que quieres conseguir con tu coartada?

En principio, probar que un personaje determinado, Peter Craft, no ha podido cometer el crimen, vale, sí.

Pero también puedes perseguir otro objetivo. ¿Ah, que no lo sabías? Sigue leyendo, sigue leyendo, que te cuento.

Puedes, por ejemplo, querer:


A. Demostrar que sí cometió el asesinato, tumbando esa coartada.

B. O hacer parecer culpable a alguien que en realidad es inocente.


¿Vemos un par de ejemplos?

Vale, pues vamos a tomar para ello un tipo cualquiera de coartada:

 

La coartada refrendada por un testimonio

Supongamos que la coartada de Peter Craft se basa en el testimonio de John, un amigo con el que estuvo tomando unas copas en una fiesta, y que hay varios asistentes que creen recordar que estuvo allí. Bien, parece una coartada razonable, pero no es indestructible.

 

A. Tumbamos la coartada

Después de escucharla, llega el turno de nuestro detective, que descubre la grabación que realizó la cámara de seguridad de un banco, situado frente al lugar donde ocurrió el asesinato, en la que se ve a Peter meterse en su coche. O puede que en lugar de algo tan evidente como eso, el detective descubra que en un parquímetro cercano a la escena del crimen ha quedado registrado un ticket de aparcamiento para un vehículo cuya matrícula (lo sentimos, Peter) es la del coche de nuestro sospechoso.

Coartada desmontada y Peter más cerca del patíbulo.

 

B. Hacemos parecer culpable a un inocente

Pero… ¿y si tu objetivo es otro? También podemos jugar justo a lo contrario: partamos de la misma coartada, pero en esta ocasión no hay cámaras de vídeo ni registros en el parquímetro. ¿Qué tal si el detective descubre que John, el testigo de Peter y base de su coartada, es un exconvicto que está en libertad provisional y bajo la tutela de un asistente social, y que tuvo tratos ilegales con Peter en el pasado? Como escritor, al presentar a John de esta manera, estás restando credibilidad a su testimonio. Párate un momento y ponte en modo lector. ¿Qué pensarías como tal si Peter basara su coartada en un personaje como este segundo John que hemos propuesto? Es muuuy probable que desconfiaras de él.

desconfianza

¿Y qué pasaría si de verdad este segundo John está contando la verdad porque Peter realmente estuvo con él en aquella fiesta a la hora en que se cometió el asesinato?

upsss

Pues pasaría que tendrías a un perfecto inocente (Peter) en el papel de sospechoso principal. O sea…, ya tenemos al detective y al lector despistados (sobre todo al lector, que es lo que nos interesa como escritores, porque por supuesto nuestro detective va a resolver el crimen al final de la novela).

De modo que, a la hora de plantear una coartada, pregúntate qué quieres conseguir con ella y, dependiendo de la respuesta, móntala de una forma u otra.

 

Tipos de coartadas

Las posibilidades son infinitas y con un poco de paciencia, trabajo (pero sobre todo muuuuucho tiempo), podría hacerte una lista de cientos de ellas. Es triste admitir que ni tú ni yo disponemos de ese tiempo, así que vamos a lo práctico. ¿Te apetece hacer un ejercicio? Venga, sí, no te hagas el remolón.

En el taller de novela policíaca, te cuento unos cuantos tipos de coartadas:

1. Un crimen que no lo es.

2. Un muerto que no existe.

3. El cadáver sin identidad.

4. El asesinado por error.

5. Echarle el muerto a otro.

Lo que te propongo ahora es que busques un buen ejemplo (que no sea el primero que se te ocurra, porfaplease) para cada una de ellas. ¿Ape currar un poco?

 

Veeeeenga, no seas perezoso, piensa y déjame tus ideas en los comentarios.

Justo ahí abajo 🙂

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