Cuando te pones a organizar tu novela policíaca, ¿se te atraganta el asunto de las pistas?, ¿no sabes cuáles elegir?, ¿no sabes dónde colocarlas?, ¿ni cómo hacerlo para que pasen desapercibidas al lector, pero no a tu detective? Tranquilo, eso nos ha ocurrido a todos… hasta que encontramos un método. Una vez que damos con él, la cosa de “pistear” se vuelve un poco más sencilla.


 

En el artículo de hoy voy a hablarte de las pistas, de cómo encontrar las que necesitas para tu novela y cómo aprender a colocarlas de manera eficiente dentro de la historia. ¿Me acompañas?

Cómo organizar las pistas en una novela policíaca

 

Qué es una pista y qué no lo es

Las pistas en una novela policíaca son el mapa que conduce a tus lectores (y al detective) a través del laberinto que has creado para ellos, permitiéndoles llegar al final con la solución del misterio propuesto.

Por ejemplo, imagina que has matado a tu tía Clotilde, que tenía una pasta gansa, porque te has quedado sin trabajo, estás lleno de deudas y a punto de perder tu casa. La policía podría investigar tus registros financieros, percatarse de tu situación y considerarte sospechoso. La investigación de tu deplorable estado económico serían miguitas de pan que llevan al detective hacia ti, pero no serían pistas…

Ahora demos un poquito la vuelta a este planteamiento: tu primo Lucas, un gilipollas de narices, es el verdadero asesino. Es tan imbécil, que se ha metido en unos líos tremendos y necesita el dinero de la tía Clotilde si no quiere acabar hecho un fiambre, como ella. Pero también es un tío listo. Sabe que tú las estás pasando canutas porque has perdido el trabajo y se te está cayendo el mundo encima, así que, para distraer la atención de la policía y alejar las sospechas de sí mismo, le cuenta al detective así, como quien no quiere la cosa, que has sacado a los niños del colegio súper exclusivo en el que los tenías y los has metido en uno concertado, y que has empeñado el Rolex que heredaste del abuelo.

Esto… tampoco es una pista… Lo que pretende el capullo del primo Lucas es intentar convencer al detective de que tienes un motivo para haber asesinado a la tía Clotilde. Pero un motivo, no es una pista…

 

–¿Pero entonces qué son pistas y qué no lo son?

–Pues, mira, aquí te dejo algunos ejemplos:

 

Son pistas

  • Huellas dactilares, fibras, cabellos, sangre…
  • Pisadas, rodadas de neumáticos.
  • Orificios de bala, heridas por arma blanca, veneno…
  • Las condiciones en que se encuentra un cadáver, su localización…
  • ….

O cualquier otro tipo de prueba física que pueda conducir al detective en una cierta dirección (aunque no tiene por qué ser la buena…, jejeje). Recuerda siempre tu objetivo:


Confundir al lector, confundir al lector, confundir al lector…

 

 

No son pistas

  • Mentiras, discrepancias, coartadas falsas.
  • Negarse a contestar preguntas.
  • Mentir por omisión o decir sólo medias verdades.

Ninguno de estos casos ni de situaciones parecidas puede considerarse una pista, aunque, por supuesto, sí que pueden tomarse como elementos insinuantes…

 

¿Quieres empezar con buen pie tu novela policíaca?

Descárgate la mini guía

"Los 3 principales errores al escribir novela policíaca y su solución"

 

Un trabajo de artesanía

A los escritores de novela policíaca pueden tacharnos de locos y con razón porque, para llevar a cabo nuestro trabajo, primero hemos de inventar las pistas que el lector debe ir descubriendo y luego esforzarnos por conseguir que no las detecte. ¿No es paradójico?

La novela policíaca es un juego entre el escritor y el lector, y, claro, nosotros, los escritores, siempre queremos ganar, así que hay que andarse con tiento, lo cual suele acabar en un gran dolor de cabeza, porque hay que informar al lector (si queremos jugar limpio con él, ¡y siempre debemos quererlo!), pero al mismo tiempo tenemos que confundirlo lo suficiente como para que no resuelva el caso antes que nuestro detective.

Por eso, tanto elegir bien las pistas que le vamos a dar como la manera y momento en que se las vamos a proporcionar supone un auténtico trabajo de artesanía.

Pero para eso primero tienes que saber con qué tipos de pistas cuentas y cuáles debes incluir en tu novela.

Sigue leyendo que te lo cuento ahora mismo.

 

Tipos de pistas

A la hora de elegir las pistas que vas a incluir en tu novela, has de diferenciar aquéllas que son evidentes tanto para el lector como para el detective, como por ejemplo las que se obtengan del cadáver a través de la autopsia, y aquéllas otras que tú, escritor, vas a incluir en la novela de forma sutil, de manera que pasen desapercibidas para el lector, pero no para el detective (aunque en un primer momento también pueden escapársele a él).

En cualquier caso, hay una serie de pistas que debes incluir:

 

Las pistas buenas

Entre éstas te recomiendo que incluyas 4, una relacionada con la oportunidad, otra con el medio y otra con el motivo para cometer el asesinato. La cuarta es la pista esencial. Todas ellas deben conducir a la resolución del crimen. Quizá no directamente, pero sí una vez que se haya encontrado la manera de componerlas de forma correcta en el rompecabezas.

 

Las pistas falsas

Sí, éstas también tienes que incluirlas. Ahora bien, hay dos consejos que debes seguir:

1. Partiendo del hecho de que una pista falsa está ahí para confundir al lector, lo que no puedes hacer es ponerla sólo por ese motivo. Es decir, esa pista falsa debe conducir a alguna parte, además de conseguir la confusión del detective y del lector.

2. No abuses de ellas.

 

¿Y cómo ocultamos las pistas?

Hay cientos de métodos, incluidos todos aquéllos que tú mismo puedas idear, pero para abrir boca y animarte a que exprimas tu cerebro y halles los que mejor vengan a tu novela, te doy unas cuantas ideas:

1. Escondida a plena vista.

2. Contársela al lector tal cual, pero introducida de manera que le pase desapercibida.

3. Divídela en trocitos y espárcelos por la historia.

4. La pista que nunca ocurrió

–¡Einnnnn!, ¿qué es eso?

–Ja, ja. Un truco muy chulo.

¿Has leído “El sabueso de los Baskerville”? ¿No? ¡Venga ya, hombre!

Si no lo has hecho, te recomiendo su lectura, no sólo por lo que la disfrutarás, sino porque aprenderás esta ingeniosa forma de ocultar una pista fundamental.

Acuérdate del nombre: la pista que nunca ocurrió.

 

5. Viaja en el tiempo. Es decir, crea un problema temporal del que puedas sacar ventaja.

6. La pista equívoca. Dale al lector una información que pueda interpretar de más de una forma.

7. Vete a pescar: tiende un cebo falso al lector. Algo que parezca muy importante pero que lleve a un callejón sin salida e inmediatamente después de que haya mordido ese cebo y esté contentito… añade la pista buena 🙂

 

Un par de consejos finales

 

Reparte bien las pistas

No acumules las pistas que vas a darle a tu lector en una única parte de tu novela. Repártelas de manera inteligente a lo largo de toda ella. No sólo se lo pondrás un poquito más difícil, sino que trabajar de esa forma te ayudará a hacer avanzar la historia.

 

La agenda de pistas

Si no quieres perderte en la maraña que vas a entretejer para despistar a tu lector, lleva un registro completo de las pistas que has utilizado, así como del lugar y la forma en que las has incluido en la historia. En el taller de novela policíaca he creado una agenda de pistas para que mis estudiantes no se pierdan y lleven un control constante de las pistas que manejan. Te aconsejo que hagas lo mismo y te fabriques tu propia agenda de pistas. No sabes el trabajo y los quebraderos de cabeza que te ahorrará 🙂

 

 

Ingredientes básicos de una novela policíaca

Las pistas, junto a las coartadas, es uno de los ingredientes básicos de toda novela policíaca. Saber manejarlas bien es imprescindible para que tu historia detectivesca funcione y para que en el proceso no te vuelvas loco. Piénsalas mucho antes de liarte la manta a la cabeza y ponerte a escribir. Pero si aun así el trabajo te resulta peliagudo, entonces…

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entonces ¿qué crees que te voy a decir…?

Pues que te apuntes a la Cápsula de Ingredientes básicos de una novela policíaca y aprendas cómo hacer las cosas bien desde el principio.

😉

 

 

 

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