Día 25

27-Agosto-2017



Hoy ha sido un día extraño, porque a pesar de lo que te decía aquí acerca de la nueva estrategia que me proponía seguir: escribir por la mañana, de una sola sentada, la jornada de hoy ha funcionado justo al revés.





Y ha funcionado bien.

 

Propósitos…

Soy lo que los americanos llaman una mornig person. Me gusta mucho más madrugar que trasnochar.

Supongo que va en la naturaleza de cada uno. Yo no suelo tener problemas para levantarme temprano. De hecho, los últimos años me ponía el despertador “por si acaso”, pero no solía ser necesario porque me levantaba antes de que sonara. Incluso los domingos…

De ahí que, entre eso y el hecho de que interrumpir el trabajo suele significar directamente no volver a él o tener que realizar un esfuerzo enorme para volver retomarlo, me planteara el propósito de escribir por la mañana y de un tirón.

Pero las cosas no siempre funcionan igual, afortunadamente, porque en otro caso la vida sería demasiado tediosa para disfrutarla.

 

Hoy trabajé mejor por la tarde que por la mañana

En mi sesión matinal escribí setecientas y pico palabras.

La verdad es que los domingos siempre son días diferentes y hoy empecé a trabajar mucho más tarde que ayer.

En cualquier caso, cuando bajé a comer pensé que ésa sería toda mi producción para la jornada. Tenía sueño, quería echar una pequeña siesta y además temía el parón y lo que ello supone. Ya sabes…, lo de la dificultad de volver a la tarea.

Pero cuando me levanté de la siesta, mi cerebro no me dio opción.

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Cuando coges carrerilla es más difícil parar

Parece que cuando has alcanzado la velocidad de crucero, es más difícil tropezar con esa piedra que se llama Pereza, o esa otra que se llama Resistencia, o la que se llama Miedo

El caso es que esta tarde, mi mente parecía tenerlo muy claro: «Setecientas y pico palabras está muy bien, pero 2339 (que son las que he cosechado al final) están mucho mejor».

No me dio opción. Me sentó ante el ordenador y tuve que ponerme a escribir 🙂

Una cosa clara

Así que parece que nunca sabes lo que va a terminar funcionando.

Es probable que la estrategia de escribir por las mañanas y de una tacada sea lo mejor (en mi caso) a largo plazo, pero hoy también me he demostrado que puedo tener tardes muy productivas.

Ahora bien, hoy he aprendido algo: ya sea por la mañana, por la tarde o por la noche, hay que tener una cosa clara: lo importante es entrenar el cerebro para que no te dé opción.

 

Mañana más.



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