Día 32

12-Septiembre-2017



Esto ya huele muy mal. En septiembre la estoy pifiando. Es verdad que he tenido unos días un poco fastidiosos de salud, pero aun así… ¡No hay excusas! Si uno quiere vivir de lo que escribe, tiene que escribir. ¿Y cuántas veces he ido a trabajar enferma? Si esto me importa menos que el trabajo, mal voy.





No puedo seguir permitiéndome esta laxitud. ¡Tengo que ponerme las pilas, ya!


 

El día D

Ayer era el día que me había fijado para empezar de verdad mi trabajo como escritora “profesional”, con un horario y unas tareas fijas, pero lo cierto es que la jornada pasó como un simple día d y no hay mucho que contar sobre ella, salvo, quizá, que me puse a planificar lo que quiero ir escribiendo y publicando de aquí a un año.

Hoy he seguido con ese trabajo de planificación y esta noche tengo una reunión con mi grupo (mastermind) de escritoras: El sangriento club de los viernes por la noche. Quiero exponerles mis planes y que me den opinión y consejo.

Entre otras cosas (y, no, esto no es un anuncio todavía, porque no lo he decidido aún) estoy pensando en participar en el NaNoWriMo de este año y obligarme a tener otro mes productivo (más, de hecho) como el pasado agosto.

 

El día post-D

Hoy sí, hoy escribí, aunque me puse a media tarde. Lo sorprendente es que no me he levantado de la silla y que en un rato no demasiado largo he escrito 1966 nuevas palabras que me acercan un poco más al final de la novela.

¡Y eso que no tenía ganas!

¡Que había perdido gas al cortar varios con el hábito de la escritura que había logrado crear!

Y eso que… Y eso que tenía miedo, porque para mí que este parón se ha debido, sobre todo, al miedo.

Si quieres saber cuándo publico mis novelas, suscríbete a mi lista.

 

Miedo a acabar

Como ya te conté el día anterior, estoy leyendo un libro que te recomiendo: “La aventura de ser escritor”, de Carlos del Río (también te recomiendo su blog), y hoy, llegué a un pasaje que me abrió los ojos y me mostró con meridiana claridad qué me estaba pasando. Un pasaje que se titula así: Miedo a acabar.

 

Mientras escribes una novela, todas las fantasías que tengas en la cabeza son válidas […]. Pero una vez que acabas, sabes que llega la cruda realidad y las fantasías no se suelen cumplir. Esto provoca que vayas posponiendo terminar la novela, buscando excusas para no hacerlo. […] La novela está casi acabada, pero cada día escribes menos, porque eso significaría dejar de fantasear y tener que hacer frente al mundo real, donde habitan los temibles gigantes come-escritores Rechazo y Fracaso.

La aventura de ser escritor, Carlos del Río.

 

Diagnostica correctamente y luego aplica la medicación que corresponde

¿Te acuerdas de cuando te decía, al principio de este Diario de una escritora, que los miedos se vencen afrontándolos?

Bueno, pues eso es lo que he hecho yo hoy: hacer frente a nuevo temor. El de acabar la novela.

Y no me ha ido mal. Ni en cuanto a producción de palabras, ni en cuanto a musa. Pero no voy a dejar que mi vida la controlen los arrebatos.

 

Mis compromisos para los próximos días

Mañana el despertador sonará una hora y media antes de lo que venía levantándome estos últimos meses.

A partir de mañana, escribir será lo primero que haga cada día.

Y también mañana afrontaré una nueva pequeña meta en el final de la novela, porque me he hecho una planificación y quiero tener terminado el borrador de la novela para el 22 de este mes.

Que quede patente y a la vista de todos:

Terminaré el borrador de “Muerte en los Hamptons” para el día 22 de septiembre.

 

Pero eso será mañana. Ahora tengo que ponerme a ultimar mi reunión del club para tener claro todo lo que quiero consultar.

Nos vemos.

¿Cuándo?

Sí…, ;-), mañana.



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