Por lo mismo que no las alcanza un fontanero, un médico, un corredor o cualquier profesión que se te ocurra así, a bote pronto, cuando no las alcanza…, porque no sabe cómo plantearlas, perseguirlas y, por tanto, lograrlas.





En el artículo de hoy te cuento cuáles son los principales errores que cometemos a la hora de fijar nuestras metas como escritor.

 

¿Por qué no alcanzo mis metas como escritor?

Sobre todo porque cometemos tres errores fatídicos:

 

1. No sabemos fijar metas

Éste es el primero de los errores que cometemos a la hora de fijarnos objetivos en cualquier aspecto de nuestra vida y nuestra carrera como escritores no es una excepción.

–Ya sé lo que me vas a contar, Ana: me vas a hablar de las dichosas metas S.M.A.R.T.

–Pues no, listillo mío, te equivocas. Otro día lo haré, hoy te voy a contar otras cositas, como por ejemplo, las tres faltas más comunes que cometemos a la hora de fijar nuestras metas:

Nos fijamos demasiadas

Somos ambiciosos, lo sé, y no está mal ponerse a prueba y plantearse unos objetivos desafiantes, de hecho, eso es lo que tenemos que hacer en nuestro día a día si queremos ir más lejos: retarnos. Pero una cosa es ser ambiciosos y otra ser ilusos.

No somos claros

Decimos que queremos ser escritores y con eso creemos que ya tenemos las cosas claras, ¡pero no! Si piensas así, déjame decirte que te equivocas. Tus objetivos no pueden ser tan abstractos como eso…

–¡Ajá, lo sabía, Ana! Ya tenemos aquí la S de specific.

–Vale, bien, tienes razón, en este apartado vengo a decirte que nuestras metas deben ser concretas, pero deja que te lo explique un poco, te prometo que no voy a enrollarme mucho.

Decir que uno quiere ser escritor no es fijar ninguna meta. Vamos a ver, ¿qué hace un escritor? Escribir. Vale, pues ahí está tu meta: ¿Qué vas a escribir este año? ¿Cuántas novelas? ¿Cuáles son sus títulos? ¿Cuándo vas a empezar cada una? ¿Y cuándo tienes previsto acabarla? ¡Eso son metas! Lo otro, simples sueños. Y con los sueños no se llega a ninguna parte.

No nos planteamos el cómo

–Ah, pero yo lo tengo muy claro. Quiero escribir tres novelas. Una va a ser “El fugitivo rabioso”; otra, “El libro de historias maravillosas abandonado en el banco de un parque”; y la tercera, “El lápiz que no sabía escribir”.

–Son títulos muy chulos.

–¿A que sí?


fiuuu, fiuuu…




Vale, ya sabes que vas a escribir tres novelas este año y les has puesto hasta título, pero ¿te has planteado cómo vas a afrontar cada una de esas metas?

  • ¿Has pensado en tu día a día?
  • ¿En tus obligaciones?
  • ¿En el tiempo que tienes disponible?
  • ¿Cómo vas a utilizar ese tiempo?
  • ¿Cómo vas a repartirlo para que a final de año esas tres novelas sean una realidad?
  • ¿Qué vas a hacer cada jornada: cuándo vas a planificar, cuándo a escribir, cuándo a corregir…?

¡Estos son los cómo! Y no puedes dejarlos al azar o te aseguro que… “El fugitivo rabioso”, “El libro de historias maravillosas abandonado en el banco de un parque” y “El lápiz que no sabía escribir” se quedarán en simples sueños. ¿Y qué dijimos antes?

Que con los sueños no se llega a ninguna parte

 

2. Olvidamos nuestra humanidad

Cuando nos ponemos a soñar en nuestro futuro como escritores, vemos un mundo de color de rosa. Vale, sí, de vez en cuando aparece por ahí alguien que nos dice que esto es muy difícil, que sólo unos cuantos lo consiguen, que  mejor no perdamos el tiempo y nos pongamos a hacer algo de provecho… ¿Te suena?

Entonces vamos nosotros y nos ponemos de morros. «¡Eso no va conmigo!», refunfuñamos por lo bajini. «¿Por qué yo no voy a poder? Si otros los han hecho… yo también puedo conseguirlo, ¿no?».

Pues, sí, claro que puedes conseguirlo, pero sólo si tienes los pies en el suelo. Deja por un momento el mundo rosa y abre los ojos: el mayor problema personal con que vamos a tener que enfrentarnos a la hora de lograr nuestros objetivos es olvidar que somos humanos y que nos vamos a dar de bruces con un montón de problemas que ahora ni consideramos, flotando como estamos en el Pink World.

Miedos, dudas y bloqueos

Vendrán, te lo aseguro. ¿Has pensado cómo les vas a hacer frente? ¿Cómo vas a sobreponerte a ellos y seguir en pos de esas metas que te has fijado? Esto también forma parte de la planificación: prever cualquier imprevisto que se nos pueda ocurrir y, desde luego, te aconsejo que cuentes con la cosa emocional porque está ahí, al acecho, deseando saltarte al cuello en cuanto te despistes un momento.

Sacrificios

¿Qué pasará ese día que llegues agotado del trabajo y la voz de la tentación te susurre al oído: «Déjalo por hoy. Total, no pasa nada porque no escribas un día… Túmbate en el sofá, pon la tele y descansa».

¿Qué harás cuando tu mujer/marido te diga que ya está harta de que te encierres en el estudio a escribir esas chorradas tuyas, que los niños están amojamados en casa y hay que sacarlos al parque?

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¿Tienes pensado un plan para repartirte el fin de semana, de manera que puedas descansar, atender a la familia, salir a dar un vuelta, despejarte y, además, escribir?

¿Estás dispuesto a levantarte antes cada mañana para dedicárselo a “El fugitivo rabioso”? ¿Y a renunciar a esas copas con los amigos un viernes por la noche? ¿Y a no ver “The Big Bang Theory” porque tienes que escribir? ¿Eh? ¿Estás dispuesto a hacer sacrificios…? De hecho…, ¿has pensado en ellos siquiera?

 

3. ¿Sabes por dónde vas?

Imagina que estamos en mayo…, ¿te acuerdas de aquella meta que fijaste a principios de año? Vale, vale…, a lo mejor sí la recuerdas, pero ¿eres plenamente consciente del estadio en el que te encuentras con respecto a su consecución? ¡Vaya frasecita que me ha quedado! Digámoslo más claro:

  • ¿Sabes si estás cumpliéndola?
  • ¿Si vas bien con respecto a los plazos que te fijaste?
  • ¿La estás midiendo de alguna forma?

La única manera de saber si se va por el buen camino es consultar el mapa que hemos trazado y comprobar si hemos ido alcanzando las etapas que nos marcamos al principio.

Si es así, podemos continuar a buen paso, pero, si no, entonces tendremos que hacer los ajustes necesarios para encauzar nuestro camino.

Claro que para eso, primero tendríamos que haber realizado dos tareas que nos dan muuuuucha pereza, pero que son fundamentales:

1. Hacer el plan.

2. Revisarlo con frecuencia .

 

Conclusión:

El otro día te hablaba de la importancia de ser un escritor organizado y allí insistía en la importancia que tiene el hacernos una buena planificación, pero esto no es suficiente. Nuestras metas pueden ser energizantes, motivadoras y tremendamente atractivas, pero si no sabemos cómo fijarlas, no prevemos los posibles obstáculos que vamos a encontrar y no hacemos un seguimiento de nuestro avance, estaremos abocados a hacer fracasar nuestra carrera como escritores.

 

 

 

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