Dicen que cada maestrillo tiene su librillo, ¡y es verdad! Me he pasado más de 20 años dentro de un aula como profesora y poco a poco vas encontrando maneras de lograr que tus alumnos entiendan ciertos conceptos de tu asignatura que, por una u otra causa, se les atragantan. Cuando lo haces y ves que funciona, guardas esa forma de explicarlo en tu “librillo” y la transformas en una herramienta más para realizar tu trabajo. Al cabo de veinte años, tienes toda una enciclopedia de recursos pedagógicos que un psicólogo o un pedagogo no tendrá oportunidad de poseer ni aunque viva mil años, pero ésa es otra historia de la que hoy no toca hablar.





La cuestión es que esta idea del librillo puede aplicarse a la vida personal, familiar, y, por supuesto, a la de escritor. Y de eso te voy a hablar en la primera entrada del año.

 

Compón tu propio librillo de escritor



Lee, escucha, infórmate, pero sé tú mismo

Si no quieres seguir leyendo el artículo, puedes abandonar el blog ahora mismo porque esa frase de ahí arriba es el resumen de lo que te voy a contar.

 

Llevo muy poco tiempo en esto

Así que el mejor favor que puedo hacerme a mí misma es tener los pies bien apoyados en la tierra y partir de esa verdad axiomática.

Pero llevar poco tiempo no significa que no haya aprendido ya algunas cosas que van añadiendo epígrafes a cada capítulo de mi librillo de escritora.

Algunas de ellas las he aprendido en mi propia cabeza, cuando me he golpeado con un obstáculo que estaba ahí, pero que mi ceguera novicia no había detectado.

Otras, las he aprendido leyendo aquí y allá. Ésta es la mejor manera de formarse, obviamente: te ahorra un montón de chichones y, sobre todo, de tiempo.

Ahora bien…

 

Nosce te ipsum

Cada vez que paso  cerca de Atocha, me paro un momento a leer esta famosa frase griega, de cuyo autor no se tiene certeza, cincelada en la fachada del Museo Nacional de Antropología.





Para mí es una especie de conjuro. Tiene la capacidad de sustraerme de todo lo que ocurre a mi alrededor (el ruido del tráfico, de las bocinas insolentes en su impaciencia y de la gente que corre apresurada) e iluminarme con la enormidad de su mensaje.

A pesar de ello, admito que el lugar no es el más adecuado para detenerse a reflexionar, pero siempre puedes llevártela a casa y digerirla allí, a solas…

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Una vida, ¡tu vida!

  • ¿Qué quieres hacer con ella?
  • ¿Hacia dónde deseas dirigirla?
  • ¿De verdad te cuadra eso que has leído en un blog o que te dice el gurú de turno?

¿Tienes las respuestas a estas preguntas?

No voy a ir de listilla. Yo no las tengo para la mía, o al menos no todas ellas y, las que creo tener, probablemente irán cambiando a medida que pasen los años y mis gustos, necesidades o deseos evolucionen.

Lo que sí tengo muy claro es que los años pasan, cada día me acercan un poco más a ese momento trascendente en que se da el paso definitivo y que, cuando llegue, quiero que me sorprenda con una vida plena.

¿Pero puede ser plena la vida propia si se ha vivido la de los demás?

 

Fija tu propia trayectoria

Llevo tiempo dándole vueltas a esto ¿y sabes la imagen que veo de mí misma cuando lo hago? La de una carrera de galgos que persiguen una liebre mecánica a la que alguien ha fijado una trayectoria.





El mundo va tan deprisa que una y otra vez cometemos el mismo error: dejarnos llevar por lo que dicen otros. No es que esté mal hacerlo. Si alguien sabe de algo más que tú, lo más inteligente es que te dejes aconsejar y guiar,

  • pero sólo si de verdad sabe más que tú
  • y sólo si, aun cuando sepa más, lo que dice o practica cuadra con lo que tú persigues o deseas.

Seguir una liebre mecánica, por muy lista que sea y mucho que sepa, te llevará por un camino que otro ha trazado. ¿De verdad eso te hará feliz?

Párate a pensar y… nosce te ipsum.

 

Compón tu (propio) librillo de escritor

Te lo decía al principio del artículo: lee, escucha, infórmate, pero sé tú mismo.

Diseña tu carrera de escritor conforme a tus anhelos y necesidades, y ve anotando en tu librillo aquellas formas de aprender y avanzar que te son útiles.

Deja que otros marquen su destino y síguelos sólo durante aquellas etapas en las que te sientas cómodo, veas que estás aprendiendo y cuadran con tus propios sueños. Cuando ya no te sirvan, abandona esa senda y emprende tu propia búsqueda hasta que encuentres de nuevo tu camino.

 

Créditos: fotografía de Mike Tinnion en Unsplash.



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