Según cuentan, la novela negra vive un momento de expansión en España y supongo que, si lo dicen, será verdad (por aquello de que cuando el río suena, agua lleva), pero en realidad no lo sé porque no la leo y no la leo porque me amarga, y si ésa es la emoción que me produce su lectura puedes imaginar lo mucho que me afligiría escribirla. De ahí el título del artículo de hoy: yo no escribo novela negra, una especie de declaración a corazón abierto que venía necesitando hacer desde hace tiempo.





No lo hago, pese a que me he visto etiquetada por ahí como mini-diminuto-referente de este género, ¡Dios me valga! Por mucho que busques, no encontrarás nada de novela negra en esta web. ¡Nothing, rien, nichts, niente! Vamos, más o menos lo mismo que si buscas sobre terror, erótica o fantasía: cero patatero.

 

¿Qué es la novela negra?

A finales del mes pasado, quedé a comer con la escritora Mercedes Gallego y tras la comida tuvimos una larga sobremesa en la que hablamos de todo lo divino y lo humano, entre otras cosas, acerca de la revista Pasar página de la que es directora y para la que me propuso que escribiera algún artículo sobre la dichosa novela negra. «Pero es que yo no escribo novela negra, Mercedes», le dije, y entonces me sugirió la idea de que el texto del artículo versara sobre la diferencia entre ésta y la novela policíaca.

He venido pensando en el artículo desde entonces y sigue sin convencerme la idea. Creo que le haré una contrapropuesta uno de estos días, porque… ¿qué demonios es la novela negra?

No tengo ni idea. Bueno, tengo una ligera idea, pero no la certeza de que sea correcta.

 

Por ejemplo: ¿es Madrid:Frontera una novela negra?

Hace un par de semanas me pasé por la librería Taiga en Toledo, para asistir a la presentación de Madrid: frontera, una novela de David Llorente que ganó el Premio Dashiell Hammett 2017 de la Semana Negra de Gijón.

Si los señores de la Semana Negra de Gijón dicen que Madrid: frontera es una novela negra, no seré yo quien les rebata, pero desde luego es un parecer que me deja, como poco, ojiplática.

De modo que redundo en mi idea de un poco más arriba: «¿Qué demonios es la novela negra? No tengo ni idea. Bueno, tengo una ligera idea, pero no la certeza de que sea correcta» y, después de leer Madrid: frontera, la convicción casi plena de que mi ignorancia al respecto es total.

 

Pero no me quita el sueño

Sencillamente porque me importa un colín la novela negra. La clásica y la actual (incluida la suigéneris clasificación que hacen de ella los festivales de género).

No me va nada el rollo de lo noir, ni siquiera el nuevo rollo tipo Madrid: frontera (del que ¡ay si te hablara!) y sólo hago excepciones (en cuanto a lectura) cuando me invitan a una charla-coloquio, como la de Toledo, o cuando un comentario leído aquí o allá sobre determinada novela pica mi curiosidad.

Así que, no, no me sorprenderás hincándole el diente a lo noir. Por si no te ha quedado claro hasta ahora: no leo y no escribo novela negra ni tengo intención de hacerlo.

 

No escribo novela negra

Mucha gente cree que sí, igual porque lo primero que se encuentran al entrar en el blog es esa pistola amenazante de la cabecera, pero, ¡caray!, no sólo los de novela negra utilizaran armas de fuego. Dentro del género, hay decenas de subgéneros que también le dan a las balas.

En el taller de novela policíaca hago un sucinto resumen de ellos, pero digamos que cada uno tiene sus características: Ya te contaba aquí y aquí, por ejemplo, que no es lo mismo escribir novela policíaca que novela de suspense.

Hay también quien escribe mezclas extravagantes que a veces salen bien, como en el Malvados, de John Connolly, una novela a medio camino entre el thriller de terror, lo parapsicológico y el conocido como woman in jeopardy; y otras acaban siendo una pena, como el engendro ideado por Kerry Greenwood en Una detective inesperada (en inglés Cocaine Blues), una especie de misterio cozy que se desarrolla en los años 20 del siglo pasado, pero en el que se meten con calzador (y aun así hace daño) lo que al parecer son las necesidades del lector de hoy (hablaré más de ello en próximas entregas), como el sexo porque sí.

De entre todos los subgéneros de lo negro, algunos me gustan más, como la novela de espionaje, la de suspense o el thriller médico; y otros, menos, como el thriller legal o la propia novela negra. Y, sí, estoy hablando en este momento como lectora, pero también como escritora.

Me van más otras cosas…


Pregúntame, anda, pregúntame…

 

¿Pero entonces qué demonios escribes?

Yo escribo novela policíaca al estilo clásico, en concreto un subgénero que en inglés se conoce como cozy (ése que Kerry Greenwood ha maltratado con su serie de Phryne Fisher) y del que te voy a hablar mucho a partir de ahora porque, oye, con todo ese boom que está teniendo el género policíaco (en el que se incluye lo negro) y hay que ver lo poco que se escribe en el blogomundo acerca de la novela cozy.

Esta casa va a ser la excepción, la rarita, la excéntrica, la extravagante y, ¿por qué no?, la original. 😉

Te espero el próximo martes para hablar de cozy, ¿vendrás?

 

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