Durante treinta años, Sue Grafton tuvo muy claro cuál sería el título con el que pondría el punto final a su famosa serie sobre el abecedario del crimen: Z is for Zero, una novela que había planeado publicar en 2019. Desgraciadamente, la vida no esperó y los últimos coletazos de 2017 se la llevaron con él, dejando la serie incompleta por sólo una letra.


Sue Grafton, dueña y señora del abecedario del crimen.

 

Sue Grafton, dueña y señora del abecedario criminal

El 24 de abril de 1940, el mismo día que los aliados eran derrotados en la pequeña ciudad noruega de Lillehammer y Josef Terboven era nombrado comisario del Reich para el país nórdico, Sue Grafton daba su primer vagido en Louisville, Kentucky, y se convertía en la segunda hija de una pareja cuya paternidad dejaría mucho que desear.

 

Una infancia desgraciada

"Kinsey y yo".  Sue GraftonEn una entrevista que Sue Grafton concedió al New York Times afirmaba: «Una de mis teorías es que nadie que haya vivido una infancia feliz llegará muy lejos en este mundo».

Tenía razones para hacerla… Sus padres, C. W. Grafton, un abogado que escribía novelas policíacas en su tiempo libre, y Vivian Harnsberger, una profesora de química que intentó suicidarse dos veces, no fueron modélicos, desde luego.

Cuando en 2013 publicó Kinsey y yo, una colección de relatos cortos protagonizados por su famosa detective y en la que aprovechaba también para realizar una breve reflexión sobre su vida, Sue Grafton reveló lo que fueron sus primeros años para ella:

 

«Cada mañana, mi padre se tomaba un par de chupitos de whisky antes de ir a la oficina. Mi madre, alentada por una cantidad similar, se tiraba en el sofá a dormir. Desde que cumplí cinco años en adelante, se me dejó que creciera a mi modo, algo que hice tan bien como pude, teniendo en cuenta que no había recibido ningún tipo de enseñanza en lo que a paternidad se refiere.

 

Los inicios de una escritora 

Sin embargo, no todo fueron puntos negros en la crianza que los Grafton dieron a su hija. Ambos padres eran ávidos lectores y siempre la animaron a explorar el mundo de la literatura. Quizá ése fue el empujón que la llevó a descubrir su pasión por la escritura cuando la adolescencia daba los últimos coletazos y el que dio origen a la futura escritora que tan buenos ratos nos ha proporcionado.

Sue Grafton comenzó a escribir en serio cuando tenía 18 años, acabó su primera novela a los 22 y continúo con ella hasta alcanzar la última de sus obras, Y is for Yesterday, que desgraciadamente deja incompleto el abecedario del crimen por una sola letra.

Después de licenciarse en Filología inglesa, de haberse casado, de tener dos hijos y de divorciarse por primera vez, Sue Grafton se mudó a California en 1962 y vivió en varias ciudades antes de instalarse definitivamente en Santa Bárbara, la ciudad donde residiría el resto de su vida.

Sus primeras novelas

En 1967, publicó su primera novela: Keziah Dane, y, dos años después, la segunda: The Lolly-Madonna War, una novela que tendría cierto resuene en su vida, no sólo porque es la única de las que ha escrito Sue Grafton que se ha llevado al cine con el título de Lolly Madonna XXX y con un guion que ella misma ayudó a componer, sino porque tal acontecimiento le abrió las puertas de Hollywood, donde trabajó como guionista en programas como Rhoda y Nurse, además de escribir guiones para un buen montón de telefilmes y adaptar algunas novelas de Agatha Christie para la televisión.

El desengaño de Hollywood 

Trabajó 16 años en Hollywood como guionista y su alma de escritora sufrió con amargura las terribles adaptaciones que se hacían para la gran pantalla. Una experiencia que la llevaría a tomar una decisión: sus novelas del abecedario jamás verían la vida en una pantalla.

«Pregúnteme si alguna vez venderé los derechos de mis novelas para televisión o para el cine», dijo en una entrevista que concedió en 2013 a The Minneapolis Star Tribune mientras promocionaba W de whisky. «No, no lo haré. Nunca permitiría que esos payasos pusieran sus manazas en mi trabajo. Lo echarían a perder para todos, para mí más que para nadie».

No parecían palabras huecas. La idea de prohibir que Kinsey Millhone saliera del papel fue una afirmación recurrente en sus declaraciones a los medios de comunicación:

«También les he dicho a mis hijos que cuando esté en el Mas Allá, si cualquiera de ellos vende a Hollywood una sola frase de mis libros, me levantaré de la tumba y volveré. Y saben que puedo hacerlo. Ahora voy a empezar a inculcárselo también a mis nietos. Tienen que entender que un juramento de sangre no se rompe».

Sue Grafton lo tenía muy claro: su producción literaria jamás sería adaptada al cine.

El abecedario de los Grafton acaba en la Y 

Un deseo que su familia respetará, según se desprende de las palabras que su hija Jamie escribió en el muro de Facebook de su madre al anunciar su muerte.

«Queridos lectores, soy Jamie, la hija de Sue Grafton, y siento tener que comunicaros que mi madre murió anoche tras dos años de lucha contra el cáncer. Estuvo acompañada por la familia, incluido su devoto y adorable marido, Steve. Aunque sabíamos que esto iba a pasar, su muerte fue rápida e inesperada. Se había encontrado bien hasta hace unos días, y luego todo se aceleró. Sue siempre dijo que continuaría escribiendo mientras tuviera mente para ello. Muchos de vosotros sabéis que siempre se mostró inflexible respecto a que sus novelas se adaptaran a la televisión y, en la misma línea, nunca habría permitido que un escritor fantasma escribiera sus novelas por ella. Por ello, y por el profundo amor y respeto que sentimos por nuestra querida Sue, en lo que a la familia concierte, el alfabeto ahora acaba en Y».

 

Comienza su carrera literaria

Antes de que Kinsey Millhone y su larga serie del abecedario vieran la vida, Sue Grafton había escrito siete novelas. De ellas, la cuarta y la quinta estaban publicadas, pero hasta entonces ninguna le había permitido la libertad financiera suficiente para desligarse de Hollywood. A de adulterio, su octavo libro, sería su puerta de salida del mundo televisivo y cinematográfico que tanto detestaba y el inicio de una tarea mastodóntica: la de escribir una novela para cada una de las letras del abecedario.

 

Los crímenes del abecedario 

Con A de adulterio, Sue Grafton dio el paso definitvo que la conduciría a una carrera de escritora extraordinariamente exitosa.


Novelas de Sue Grafton




Su segundo matrimonio había recorrido las amargas sendas de un larguísimo proceso judicial en el que se dirimió no sólo el divorcio, sino también la custodia de su hijo. Los sinsabores de esta experiencia la llevaron a concebir métodos de asesinato para sus novelas y, más en concreto, la empujó a imaginar cómo asesinar a un marido. A de adulterio fue el resultado:

«En vez de pasar la vida en la cárcel, pensé que sería mucho mejor: asesinarlo en un libro y, además, ganar dinero con ello».

Suena jocoso, pero es una idea sobre la que Sue Grafton redundó:

«Todos pensamos alguna vez en matar a otra persona. Lo importante no es dejarse llevar por el impulso. Soy afortunada por tener personajes de ficción que lo hacen por mí».

Y así fue como nació Kinsey Millhone.

Kinsey Millhone, el alter ego de Sue Grafton 

Aunque inspirada en los duros héroes nacidos de la pluma de Dashiell Hammett y Philip Marlowe, Kinsey Millhone es un personaje que bebe de las fuentes personales y emocionales de la propia Sue Grafton, según ella misma reconoció en una entrevista al USA Today:

«Kinsey es la persona que yo habría sido si no me hubiera casado tan joven y no hubiera tenido hijos. Ella es la vida que yo no he vivido».

El personaje representa una mujer fuerte e independiente, que en ocasiones utiliza una forma de hablar tosca y que se muestra pertinaz en la búsqueda de la verdad. Huérfana desde los cinco años (la misma edad que tenía la escritora cuando, como más tarde reconocería, sus padres se desentendieron de ella), y cuyas  debilidades van apareciendo poco a poco en las distintas historias.

Preguntada en muchas ocasiones sobre las similitudes entre ella y su personaje, Sue Grafton admitió que las había: «Las dos hemos estado casadas y nos hemos divorciado dos veces», pero también señalaba las diferencias: «Yo, sin embargo, me he casado una tercera vez, tengo tres hijos y dos nietos».

 

Hablo por ella 

En cualquier caso, la unión entre escritora y personaje siempre fue evidente. En una ocasión, Sue Grafton se calificó a sí misma como la portavoz de Kinsey, aunque reconocía no saberlo todo de ella:

«Tenemos una especie de relación basada en la necesidad de saber. Si no necesito saber algo acerca de ella, no me lo cuenta. Pero lo cierto es que hablo con Kinsey en unos términos bastante personales. Suena a enfermedad mental, pero le aseguro que es muy productiva».

Locura o no, lo cierto es que Kinsey Millhone le abrió a Sue Grafton las puertas de la casa literaria en la que vivió el resto de su vida.

 

La novela policíaca es “mi casa”

Aunque sus novelas Kezia Dane y The Lolly-Madonna War habían sido publicadas, Sue Grafton sentía que ninguna de ellas la definía como escritora.

Con siete novelas a sus espaldas, «Tenía una larga carrera de lo que se conoce como ficción convencional, lo cual sólo significa un libro sin argumento: mucho estilo, pero poco contenido. Así que cuando me introduje en el mundo de la ficción policíaca, me di cuenta de que estaba en casa».

 

De Agatha Christie a Chandler y Hammett 

Sue Grafton había sido lectora de Agatha Christie y Nancy Drew, pero sólo cuando leyó Yo, el jurado, de Mickey Spillane, supo lo que para ella era el género policíaco.

«Después de leer a Nancy Drew y a Agatha Christie, Yo el jurado fue toda una revelación y probablemente el momento en el que la primera chispa del espíritu de Kinsey Millhone vino a la vida».

A partir de aquel momento, Sue Grafton se dedicó a estudiar a los primeros escritores del género, incluyendo, por supuesto, a Raymond Chandler y Dashiell Hammett, pero sobre todo a Ross Macdonald y se consideró a sí misma como una descendiente directa de la realeza de la literatura de misterio, un sentimiento que llevó consigo toda la vida: «Quiero ser el rey del misterio americano», dijo en 1992. «No la reina, por favor. Quiero ser el rey».

Tenía muy claros su ambición y su destino: «Mi objetivo en la vida es escribir el misterio perfecto».

Pero también tenía muy claro lo que deseaba escribir: deseaba derrocar el chovinismo tan propio del hard-boiled, en el que los personajes femeninos con frecuencia no eran sino pobres víctimas o la típica mujer fatal.

Un debut no muy halagüeño 

Sin embargo, a pesar de sus deseos de convertirse en el rey del género policíaco y derrocar una forma de escribir el género negro que había venido funcionando muy bien hasta entonces, los comienzos de la serie no parecían sonreír a Sue Grafton: la crítica no se sintió impresionada en absoluto por la figura de Kinsey Millhone.

En una entrevista concedida en mayo de 1982 al Newgate Callendar , Sue Grafton fue preguntada por el futuro de la serie, un futuro en el que el periodista, no parecía confiar tras leer lo The Times había escrito sobre A de adulterio: «Este primer libro está bastante bien escrito, pero no es particularmente original».

El público, sin embargo, tenía otra idea y los libros la serie se vendieron como rosquillas hasta copar la lista de los más vendidos.

Kinsey Millhone, la criatura creada por Sue Grafton, supuso la ruptura de un molde que había venido funcionando hasta entonces y un soplo de aire fresco y renovado en el género. Una brisa que se truncó el pasado diciembre y que quedó colgada de la Y, como un eterno recuerdo de lo que fue el ayer:


Y is for yesterday, última novela de Sue Graftoon

“Y is for yesterday”, última novela de Sue Graftoon





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