Si eres aficionado a la novela policíaca, seguramente has escuchado el término red herring en más de una ocasión y puede que te hayas preguntado qué demonios es eso. La respuesta se puede resumir en dos palabras: una red herring no es más que una pista falsa. Un subterfugio que el autor utiliza para confundir al lector. Pero se me haría muy corto el artículo de hoy si me quedara ahí, así que vamos a tratarlo un poco más en profundidad.


La red herring en la novela policíaca



¿Qué son las red herring?

 

Primero un poco de historia

¿De dónde procede el término red herring?

Se cuenta por ahí que, en los siglos XVIII y XIX, los adiestradores de perros de caza desarrollaron una técnica para asegurarse de que los sabuesos estaban realmente preparados. Después de haberlos sometido a un exhaustivo adiestramiento, les presentaban a un examen que consistía en lo siguiente: por encima del rastro que querían que los perros siguieran, hacían pasar los restos de un pez ahumado. Si el sabueso era capaz de seguir la pista original, estaba preparado. Si seguía la falsa pista dejada por el red herring, era obvio que necesitaba continuar con sus ejercicios de entrenamiento.

Luego, los escritores de ficción (en especial los de novela policíaca, pero no sólo ellos) se apropiaron del término para referirse a las falsas pistas que iban diseminando por la historia con el fin de distraer la atención del lector.

 

Las funciones de una red herring

Una red herring es una herramienta bastante común en el mundo de la novela policíaca y el thriller, y su función es sencillísima: distraer la atención del lector o conducirle por un camino equivocado. Al utilizarla, lo que se persigue es que el verdadero culpable pase desapercibido.

Por ejemplo, en El Código Da Vinci, el obispo Manuel Aringarosa, es la red herring que Dan Brown utilizó en para convencernos a todos de que este personaje era la mente pensante que se encontraba tras la conspiración eclesiástica, cuando el pobre era tan inocente como un cordero recién nacido. Durante toda la novela andamos tras él, como un sabueso mal entrenado, sin percatarnos de que hemos perdido el rastro correcto y seguimos el olor de un pez ahumado. Objetivo conseguido: el verdadero culpable se ha ido de rositas durante la mayor parte de la historia.

Para confundir al lector o desviarlo por un camino que no le llevará a la solución del crimen, cuentas con diversas estrategias. Por ejemplo:

  • Crear un personaje que es inocente pero que parece tener motivos poderosos para haber cometido el crimen.
  • Presentar a un personaje inocente en la escena del crimen. No tiene motivo aparente para haberlo cometido pero con esta red herring sembrarás en la mente de tu lector la semilla de la duda: ¿realmente no tiene motivo o éste se descubrirá más adelante?
  • Poner ante las mismas narices del lector al culpable… pero que parece ser inocente (no tuvo motivo, medio ni oportunidad para cometer el crimen).
  • Por supuesto, también cuentas con el recurso de presentar pistas que puedan ser interpretadas de diversas maneras.
  • Y, no se nos olvide, siempre tenemos a nuestro alcance la posibilidad de utilizar un narrador no fiable.

 

Ese malvado escritor de novela policíaca…

No importa el tipo de red herring que utilice, al hacer uso de ella, lo que el escritor busca no es más que controlar la percepción del lector. Un objetivo pérfido cuando se trata de llevarlo a conclusiones erróneas y convencerlo, por ejemplo, de que alguien inocente es culpable.

Para ello se vale de distintos tipos de red herring, que pueden ser estructurales (hay que introducirlas dentro de la estructura de la historia) o visuales (simples detalles u observaciones que se hacen así, como de pasada). Pero hay tres grandes categorías de pistas falsas:

Las que utilizan la naturaleza humana: lo que la gente hace y piensa.

Aquéllas que se basan en detalles: incluidos en una descripción, por ejemplo, pero también excluidos de ella. Ya lo mencioné cuando te hablé de las pistas en una novela policíaca.

La que se basa en la voz de un experto, es decir, lo que la gente sabe o lo que desconoce.

 

Tipos de red herring

 

La predecible naturaleza humana

Cada uno es hijo de su padre y de su madre, dice el refrán, y es verdad, pero pese a la idiosincrasia propia que nos caracteriza y nos hace diferentes unos de otros, esa singularidad puede ser predecible hasta cierto punto. Algo de lo que debemos sacar tajada como escritores y aprovechar en nuestro beneficio para desconcertar al lector.

Los seres humanos tendemos a extrapolar a partir de hechos que conocemos, o creemos conocer, y el escritor inteligente se aprovecha de ello. Supón que tu vecina, una agradable jubilada, dedica gran parte de su tiempo a actividades parroquiales tales como atender un mercadillo solidario, visitar enfermos y ayudar en la catequesis… Además, cuando te saluda en la escalera es encantadora, amable y generosa. Aún no lo sabes, pero con este retrato estamos preparando nuestra red herring.

Tú, como lo haría yo y la mayoría de la gente, probablemente extrapolarás esos pocos datos que tienes de ella y la convertirás en la vecina ideal que todo el mundo quiere tener. ¡Es una gran mujer!

¿O no?

¿Qué tal si la nuestra encantadora anciana sufre el síndrome de Münchausen y es quien, en realidad, está detrás de todas esas sospechosas muertes por envenenamiento de viejecitos enfermos y solitarios a los que te has ido cargando en tu novela? Toma red herring al canto.

 

La primera impresión no siempre es la que cuenta

En la novela de Dickens, Grandes esperanzas, por ejemplo, el protagonista, Pip, se encuentra en el primer capítulo con Provis, un presidiario al que se ve obligado a auxiliar llevándole algo de comida y ayudándole a liberarse de sus grilletes. Poco después, Miss Havisham, una mujer adinerada, invita a Pip a su casa y al cabo de poco tiempo, Pip se entera de que un benefactor anónimo se va a hacer cargo de su educación para convertirlo en un caballero. De inmediato, nuestro protagonista supone que su desconocido protector es miss Havisham. Sin embargo, pasarán años antes de que Pip descubra que su suposición estaba equivocada y que su bienhechor era Travis, el presidiario a quien ayudó.

Y es que las apariencias engañan, otro refrán que nos viene ni que pintado para ejemplificar el primer tipo de red herring.

 

¡Detalles, detalles, detalles!

El segundo tipo de red herring se basa en incluir (o no hacerlo) ciertos detalles con los que buscamos que el lector malinterprete una situación, una conversación, una prueba… Cualquier cosa que le lleve hacerse una idea errónea del caso.

En mi Taller de novela policíaca o en la cápsula dedicada a los Ingredientes básicos de la novela policíaca, te cuento que la mejor forma de incluir un dato que quieres que le pase desapercibido al lector es introducirlo dentro de una enumeración. También te aconsejo que lo hagas hacia la mitad de la lista, porque el  cerebro va a recordar mejor los primeros y los últimos elementos que los que se encuentran en medio.


red herring en la novela policíaca


Por supuesto, los detalles en los que entierres tanto una pista como una red herring no tienen por qué estar siempre embutidos entre otros para que sean efectivos, pero es una buena forma de hacerlo, sobre todo cuando el detalle en concreto es un poco llamativo y quieres disimularlo entre una maraña de la que el lector quiera salir cuanto antes para proseguir con la novela.

¡Bobo!, creía que ese párrafo que acabas de endosarle no tiene ninguna importancia en el devenir de la historia y, justo ahí, le has dado la clave. Jajaja, qué malos somos los escritores de policíaca 😉

¿Y lo que no está?

También es muy importante. Aquello que debería aparecer ahí, pero no está, como el ladrido inexistente en El sabueso de los Baskerville.

 

La voz de un experto

Esta tercera categoría de red herring gira en torno a quién sabe qué, quién no lo sabe y por qué, y dentro de ella tenemos dos posibilidades:

  • Confiar en la voz de alguien a quien creemos experto y que luego no lo es.
  • O lanzar un rumor cuyo origen nunca se llega a establecer.

Dos bonitas formas de plantar una red herring.

Para ejemplificar el primer caso, podemos acudir a la archifamosa novela de Agatha Christie El asesinato de Roger Ackroyd. No voy a destriparla, pero sí te daré el tema de la historia: cuando trates con profesionales (expertos) no les quites el ojo de encima.

También una novela de esta autora me sirve como ejemplo del segundo caso: el rumor lanzado no se sabe por quién, dónde, cuándo ni a causa de qué. O dicho de otra manera: rumores falaces. En Misterio en el Caribe, el pobre comandante Palgrave muere, tras una noche de excesos alcohólicos, aparentemente a causa de la tensión alta. ¿Pero realmente sufría de hipertensión? Todo el mundo parece tenerlo claro, aunque nadie sabe de dónde procede la información. Agatha Christie se vale en este caso de la rumorología para que el asesino oculte su crimen tras la creencia de que la muerte se ha producido por causas naturales.

 

El uso de una red herring para crear suspense

Una red herring no sólo puede usarse para despistar al lector en el curso de una investigación por asesinato. También podemos utilizarla para crear suspense.

Imagina que has alquilado una casa rural para pasar el fin de semana en ella con unos amigos. La noche que llegáis, después de haber cenado, estáis tomando un vinito al amor de la lumbre. Uno de tus amigos está echando un ojo a los whatsapp que ha recibido y os cuenta la noticia que acaba de llegarle: cerca de la casa donde os encontráis hay un manicomio del que, al parecer, ha escapado un loco peligroso y asesino.

Una tormenta se acerca. Entre el ulular del viento y los primeros copos de nieve que comienzan a caer, se perciben unos ruidos sospechosos cuyo origen no lográis ubicar. La luz se va y la puerta de la casa se abre de repente. Un relámpago ilumina el cielo cubierto de negras nubes y perfila el cuerpo de un hombre que sostiene algo en las manos… ¿Quizá un machete?


red herring para crear suspense

Aquí se oye el grito de una de las chicas


 

¡Noooo! (cuánto daño ha hecho Viernes 13), no es el loco asesino escapado del manicomio. Es el padre de los dueños de la casa rural. Su hija le avisó de que una de las cañerías estaba obstruida y vino a  desatascarla, pero el tiempo se le echó encima y tú y tus amigos llegasteis antes. Aquí hemos utilizado una red herring para crear suspense.

O puede que no, porque igual sigue la novela y resulta que el pobre loco que dicen que ha escapado acaba apareciendo hecho un fiambre que se ha cargado el padre de vuestra anfitriona. Con lo cual tendríamos una red herring dentro de otra red herring. ¡Superchulo!

En cualquier caso, y aunque la razón por la que vas a incluir una red herring en tu novela es obvia: confundir al lector, nunca olvides una olvides esta regla: la pista falsa ha de tener una explicación que satisfaga al lector. Es la única forma de que no se sienta estafado.

¿Quieres empezar con buen pie tu novela policíaca?

Descárgate la mini guía

"Los 3 principales errores al escribir novela policíaca y su solución"

 

Foto de entrada: SHTTEFAN, Unsplash.



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