Ya, ya lo sé…, el título de este artículo no resulta nada llamativo, pero es lo que hay: si quieres escribir bien, trabaja duro. No, sólo, claro. Hay muchos factores que desempeñan una función importante en esto de pergeñar historias, pero si tuviera que elegir el más relevante le daría el papel estelar al trabajo y por eso es el tema del artículo de hoy.


Para escribir bien, trabaja duro

 

Quizá no sea esto lo que quieras oír e igual te has pasado por aquí para que te cuente una bonita historia de hadas y de deseos cumplidos al anochecer, pero es que soy de policíaca y la fantasía no me va nada.

Luego, además, tenemos el hecho de que soy una mujer práctica, directa y auténtica, y eso de marear al toro con el capote sin entrar a matar me desquicia.


En el mundo de hoy, ser práctica, directa y auténtica acaba llevándote, casi siempre, a esta situación.

 

Así que aún estás a tiempo: si prefieres las historias de hadas, mejor deja de leer aquí y busca en Amazon algún título chulo, del tipo: Cómo alcanzar el éxito mientras te rascas la barriga o Cómo logré vivir de tus deseos mientras te rascabas la barriga, y pasa una tarde entretenida. Para mucho más no te va a dar.

 

 

Para escribir bien, trabaja duro

No es una promesa de garantía. Muchas veces un montón de esfuerzo sólo lleva a una gran cantidad de frustración  (a mí me ha pasado con la señora Starling 3, pero eso te lo cuento un poco más abajo). La cuestión es no darse por vencido. Si se persiste, cualquier tarea que se emprenda acaba por salir adelante:


Para escribir bien, trabaja duro


Pillé la foto el otro día en el Twitter de Portal del escritor y me venía como anillo al dedo para ilustrar lo que intento explicarte. A veces, a pesar de tus esfuerzos, el pastel te sale un churro, pero cuando sale rico es porque te lo has currado.

#VerdadAuténticamenteCierta



Y cuando tienes a los comensales chupeteándose los dedos de gusto, tu confianza sube como la espuma.

¿O no?

Seguro que has experimentado esa sensación alguna vez, lo que me lleva al siguiente punto:

 

La confianza se gana a base de esfuerzo y tesón

Llevo muchos años escribiendo y cuando, de tanto en tanto, releo mis historias antiguas el rubor suele cubrirme las mejillas como si me hubiera dado una reacción alérgica a la mayonesa… Pero sólo durante un momento. En cuanto mi mente racionaliza la reacción, la mete en vereda. Escribir mal es un paso que todos tenemos que dar para mejorar.

Eso sí, hay que darlo muchas veces no sólo para progresar, sino también para adquirir confianza. De ahí que el esfuerzo y el tesón sean necesarios.

El problema es que se tarda mucho en alcanzarla, pero se pierde con facilidad. Con la misma con la que una se despista en un laberinto, y el mundo de hoy está lleno de ellos. Suelen ser atractivos, hablarte con sugerentes susurros y atraerte hacia los arrecifes como las sirenas a Ulises. Si no te atas al palo mayor  o te pones bolas de algodón en los oídos, tu barco, es decir, tu confianza se irá a pique sin remisión y sin que ni siquiera te enteres de ello.

 

¡Así que cuidado con los cantos de sirena!

Hay muchos y variadísimos, aunque en realidad todos parten de premisas similares y acaban reproduciéndose como las setas tras una primavera lluviosa.

¿Y sabes lo que ocurre cuando te dejas llevar por la melodía? Esto:


Para escribir bien, trabaja duro


Que uno marca el paso y el recorrido, y los demás siguen su camino. El de él (el del que va de rojo, vamos).

Algo que puede no estar mal, oye, si alguien ha descubierto un atajo cómodo para atravesar la selva, ¿por qué ser un idiota engreído y no seguir la senda ya abierta?

¿Pero qué pasa cuando ese camino no es el tuyo? Por muy llano y cómodo que parezca a simple vista, tú ves cardos y espinas a lo largo de la cuneta, baches que otros saltan con ligereza pero que a ti te resultan insalvables, curvas peligrosas que te ponen el estómago del revés y pendientes pronunciadas que te dejan sin aliento.

En casos como éste, ¿por qué empeñarse en seguir las huellas que otros dejaron en un camino que, a ellos sí, les resultó relativamente cómodo?

Todo este rollo para contarte que uno de los cantos de sirena que, en mi humilde opinión, resultan más peligrosos es la…

 

Infoxicación

¡Qué lacra! Y cuánto daño está haciendo.

Nos pasamos el día navegando por la red en busca de soluciones maravillosas cuando lo que tenemos que hacer es:

1. Estudiar mucho (ya lo dije aquí).

2. Practicar, practicar, practicar…

3. Encontrar tiempo para hacerlo (puedo ayudarte a conseguirlo, by the way).

4. Leer, pero leer muchísimo.

5. Y Aprender de la experiencia PROPIA.

Te lo aseguro: tu experiencia vale mucho más que cualquier artículo que leas en un blog (sí, incluido éste, of course).

 

Yo he cometido ese error

Lo confieso sin rubor, ¿por qué no habría de hacerlo? Si los errores no se admiten, jamás se aprenderá de ellos. Así que admitido queda: he consentido en olvidar mi propia experiencia creyendo que la de otros era el Camino.

Durante una temporada (muy reciente, por cierto), he olvidado lo que años de trabajo solitario me habían enseñado: que las cosas buenas se consiguen con esfuerzo.

Si antes te contaba que cuando releo mis primeras historias me sonrojo, ahora te digo que a veces, releyendo alguno de mis libros, me sorprendo gratamente con párrafos o diálogos que me encantan. «¿Esto lo he escrito yo? ¿De verdad? ¿Sí?». No es que me vaya la retórica, es que, sí, me lo pregunto hasta tres veces (y más). Y entonces pienso: «¿Y de dónde diantres lo he sacado…?».

¿Qué pregunta es ésa? ¿Soy idiota o qué?

Noooo, ¿recuerdas lo que te dije un poco más arriba? Cuando me hago preguntas como éstas es que he perdido el norte, me he adentrado en el camino de otros y he olvidado el mío…

¿De dónde voy a sacarlo sino del trabajo esforzadísimo?

Parece una pregunta retórica, y debería serlo, pero han tenido que pasar unos meses y he tenido que toparme con este artículo de Marián Ruiz, Cómo hacer una descripción poderosa, para abrir los ojos de nuevo y recordar que esos párrafos o diálogos que he conseguido escribir son fruto del esfuerzo, del tesón, la perseverancia y el no darme por vencida ante un texto que se resiste.

Marián habla de descripciones:

No salen a la primera ni se consiguen sin practicar. Hay que leer y escribir mucho, jugar con las palabras, buscar sinónimos, ensayar metáforas y comparaciones. Y rebuscar en los dobladillos, cuestionarse el punto de vista…

Pero sus palabras son aplicables a cualquier parte del texto que estés escribiendo.

 

¿Cómo se me ha podido olvidar?

A cuenta de la dichosa señora Starling, en el último Balance mensual me preguntaba si al resto de escritores les resulta tan difícil como a mí escribir una novela. Hace meses que vengo dando largas a la tercera entrega, que en realidad he escrito ¡dos veces! La primera versión la acabé a principios de año. Luego la reescribí y el resultado siguió sin satisfacerme. Ahora la he replanificado por completo para escribirla otra vez.

Hay que tener humor para ponerse con ello de nuevo, sobre todo cuando te asaltan pensamientos como: «No vas a poder hacerlo». «Se te ha acabado la magia». «Lo tuyo fue como lo del burro que hizo sonar la flauta por casualidad», etc., etc., etc. Después de oírlos en mi cabeza una y otra vez, estaba segura de que, por mucho que la escribiera y reescribiera,  la nueva novela de la Starling sería un asco… de nuevo.

Pero no es verdad. Si ya lo hice una vez, puedo volver a hacerlo. Sólo es cuestión de…, sí, ya te lo he dicho: esfuerzo, tesón, perseverancia.

¿Y entonces a qué viene tanta duda? Viene a que había perdido MI norte, a que estaba mirando a otro lado, a que me había desconectado de mí misma y mi mente no estaba centrada. Llevaba demasiado tiempo escuchando los cantos de sirena y había entregado el control a esa especie de pescado con pechos turgentes y melenas (siempre secas, ¡qué curioso!, a pesar de que viven en el mar). Con él, se fue también la confianza en mí misma.

Pero entonces llegó Marián y me puso delante de las narices su artículo, y yo tuve una (re)epifanía. ¿Cómo que no voy a poder hacerlo? ¿Qué magia ni que niño muerto? ¿Burro…? ¡Anda ya!

Y mandé a paseo a mis pensamientos y su negatividad.

¡Claro que puedo hacerlo! No necesito ningún tipo de magia ni que me acompañe la casualidad y toque una bonita melodía con la flauta. Lo único que tengo que hacer es trabajar duro. Así salieron adelante las dos primeras novelas de Starling y las dos de Carter & West.

No hay secreto alguno en ello. Tan sólo es cuestión de tesón y esfuerzo. ¿Cómo se me pudo olvidar?

Si eres escritor, no cometas el mismo error que yo y recuerda siempre que para escribir bien, sobre todo hay que trabajar duro.

Si eres lector de mis novelas, te aseguro que este verano volveré a ponerme con Anne Starling y la escribiré por tercera vez, pero en esta ocasión me encantará y a ti…, también 😉

 

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