Lejos del mundanal ruido

Thomas Hardy

 

Sinopsis

Lejos del mundanal ruido - Thomas Hardy en Ana BoloxTras la muerte de su tío, Bathsheva Everdene, una joven animosa, enérgica y autosuficiente, hereda una granja en Weatherbury, la mejor y más grande del pueblo. Alrededor de ambas, de la granja y de Bathsheva, tres hombres rondan a causa de un único motivo: el amor. ¿La ventaja de Bathseva en un mundo masculino por demás? Que es una mujer independiente y puede permitirse el lujo de elegir. Y es que, en Lejos del mundanal ruido, Hardy plantea como protagonista un tipo de mujer absolutamente insólito para su época.

La novela avanza en torno a la figura de Bathseva y de Oak, sobre todo, aunque no desdeña la importancia de los otros dos pretendientes ni resta interés a un nutrido elenco de secundarios. Capítulo tras capítulo, el autor va sembrando la semilla de una historia dramática que apunta hacia un final típico de la tragedia clásica. Apunta, digo, porque Hardy es muy hábil a la hora de resolver el infortunio y la fatalidad que ha venido tejiendo desde el principio de manera que satisfaga a un lector que, estoy segura, no ha podido más que posicionarse a favor de uno de los pretendientes casi desde el principio.

 

Una historia de amor

Aunque de las entretelas con que se trenza Lejos del mundanal ruido pueden sacarse tramas, argumentos y contenidos de naturaleza variada, la novela se basa casi por entero en un solo fundamento: el amor, a partir del cual podemos luego comenzar a disertar sobre todo lo divino y lo humano.

El elemento aglutinador, ya lo he dicho, es Bathsheva Everdene, una mujer con la que no siempre es fácil empatizar, ni por parte del lector ni por la del resto de personajes. Es ella el punto central alrededor del que se urde la trama y las tres historias de amor que Hardy crea.



Los tres pretendientes


Gabriel Oak

A sus pies merodean Gabriel Oak, un joven que jugó a ser hacendado y cuyos sueños el destino zancadilleó, transformándolo en un humilde pastor al servicio, precisamente, de Bathseva. Oak es un hombre de afectos leales y fieles que, sin embargo, sabe aprisionar en el pecho y silenciar en la boca, aunque no en las acciones.  Oak encarna el estereotipo que con tanto acierto Dickens supo llevar al papel en sus propias novelas: un hombre honrado, trabajador, al que el destino abofetea sin piedad y que, sin embargo, es capaz de levantarse y afrontar la adversidad con que la vida le reta. El amor de Oak es un amor generoso, callado y paciente, ese del que habla el Nuevo Testamento: «El amor es paciente, afable; no tiene envidia, no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal ni se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.

El hacendado Boldwood

Frente al pastor Oak, tenemos a Boldwood, el segundo de los aspirantes al amor de Bathseva. Un hombre maduro, con una economía saneada (es un rico hacendado) y con un corazón para el que el amor es intenso, profundo y eterno. Silencioso en sus afectos (aunque no siempre), como Oak, y paciente, capaz de esperar lo necesario y más allá. El hacendado Boldwood representa el caballero educado al viejo estilo, y en él puede casi verse la figura emulada de un don Quijote, respetuoso con las damas  y siempre dispuesto a ponerse a sus pies. Con Boldwood tenemos el perdedor trágico, a diferencia de Oak, un perdedor que se pliega a la evidencia y la asume con ciertas dosis de pragmatismo y, desde luego, con un sufrimiento que sabe silenciar.

Francis Troy

El sargento Francis Troy, vivaz, gallardo y seductor, es nuestro tercer pretendiente y en opinión del lector (me atrevo a aventurar) el menos adecuado. Y, sin embargo, brilla como una pepita de oro, aunque su valor no alcanza ni de lejos el que atesora Oak, el héroe dickensiano por excelencia. El amor de Bathseva por Troy supondrá la renuncia a su independencia, que es, más que la propia granja, el mayor tesoro de nuestra protagonista.



Una historia… ¿feminista?

Cada uno en su estilo, bien definido como personaje y adalid de un tipo específico de amor brilla a su modo frente a una Bathseva que, pese a que podría muy bien representar el papel de rutilante comisionada de la figura femenina en un mundo y una época diseñada por y para los hombres, aparece a los ojos del lector como un personaje difuminado por sus propias contradicciones incluso en más de una ocasión, dos y tres, como un personaje ciertamente insufrible.

Por ahí he leído que en Lejos del mundanal ruido con Bathseva, Hardy dibuja el boceto de un personaje (¿quizá el primero?) feminista, pero a mí me caben ciertas dudas. Es verdad que se trata de una mujer fuerte, independiente y con una idea del mundo (normalmente) bastante nítida. Con respecto al matrimonio, por ejemplo, parece tenerlo más que claro y no duda en expresarlo de forma cristalina: no desea pasar por el altar: «No sé por qué una muchacha que tiene la valentía de librar sus propias batallas ha de buscar marido», pero Bathseva es también una joven que acaba por sucumbir a ciertas lazadas del destino que harán de ella no mucho más que una mitad de otra mitad que la aprisiona bajo el dominio de uno de sus pretendientes.

 

Una historia rural

Lejos del mundanal ruido es también una historia casi casi bucólico-pastoril que se recrea en el mundo rural británico, un espacio y un tiempo que están a punto  de desaparecer a lomos de una Revolución industrial que está acabando con el viejo orbe y llenándolo de ruido y suciedad. Mucho tiene que ver el título de esta novela con eso, precisamente. Los días y las estaciones del año transcurren al ritmo que marca la naturaleza, envueltos en su sonidos, olores y colores (el ulular del viento, el gorgoteo del agua en los arroyos, el aroma del heno, la luz tamizada por las sombras de los árboles…).

Conclusión

Leer Lejos del mundanal ruido es introducirse en un universo ya perdido, pero no por ello menos vívido y real, y sumergirse en una historia costumbrista que, pese a los elementos dramáticos que despliega, resulta absolutamente deliciosa. Cada personaje es único y representa una forma personalísima de estar y vivir en el mundo. Cada personaje, también, a cuenta de sus decisiones y acciones, se forja su propio destino que sirven a Hardy como campo de prácticas para explorar la complicada naturaleza humana y la variada paleta de colores que la componen.

 

PD: Y con la lectura de Lejos del mundanal ruido y la publicación de su reseña, acabo de cumplir con el primero de los 6 libros que se exigen para superar el reto Cabalgando entre clásicos, así que contentita 🙂



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