Mis lecturas de febrero en este 2019 no destacan  ni en cuanto al número (el asunto se ha quedado en 8 libros) ni en cuanto a la calidad de los títulos. Desde luego, este mes no pasará a los anales de mi historia como lectora. Tampoco lo hará por la puntualidad a la hora de traer el resumen al blog. En cualquier caso, y según dice el refrán, mejor tarde que nunca  y, aunque con un mes de retraso, ahí abajo te cuento cómo ha ido:


Mis lecturas febrero 2019 - Ana Bolox



Mis lecturas de febrero 2019




Luto de miel, de Franck Thilliez

Mis lecturas de febrero 2019 - Luto de mielEsta es la segunda novela que leo del autor y me ha sorprendido cómo empieza. Creo que no la destripo (porque se narra nada más comenzar la historia) si cuento que comienza con una novedad curiosa: el protagonista ha perdido a su mujer y a su hija en un accidente. Esto me dejó KO, porque según me parece recordar, en la primera entrega, El ángel rojo, su mujer había sido secuestrada y ya sé que tengo memoria de pez, pero no me parece recordar que la encontraran en esa novela… Te prometo que la cosa me ha dejado ojiplática. Pero, bueno, vamos a lo que toca y lo que toca es Luto de miel. Me ha gustado bastante la novela (pese a los insectos, algo que llevo fatal, fatal. No puedo con ellos) y quizá, aunque tal vez no sea mérito exclusivamente suyo, sino también de lo muy poco que he disfrutado el resto de lecturas mensuales (o al menos una gran parte de ellas), Luto de miel se convierte en una de mis preferidas de este mes. El crimen de esta historia es un poco espeluznante, aunque no me parece tan fuerte como los de la anterior. En cuanto a Sharko, me gusta el personaje. Pese a que es, de nuevo, un policía con todos los elementos a favor para ser un amargado (lo propio de la novela negra, al parecer), Sharko es, en cierto modo, como Arkady Renko (te hablaba de él y de El parque Gorki el mes pasado): un tipo con el que empatizas y que se gana tu afecto. En esta novela acaba con la azotea un poco tocada. Veremos qué tal se encuentra al respecto en la siguiente porque, sí, pienso seguir leyendo sus aventuras 🙂


Un espía perfecto, de John le Carré

Mis lecturas de febrero 2019 - Un espía perfectoNo puedo con este tío, no puedo con este tío, de verdad, es que no puedo con él. Hace relativamente poco (quizá un par de años) que leí a John le Carré por primera vez. Debuté con El hombre más buscado, una novela que me cayó mal desde el principio, pero al menos puedo decir que tiene una presentación, un nudo y un desenlace. Aunque no me había gustado mucho, le di otra oportunidad al autor y leí El peregrino secreto, un libro heredado de la biblioteca de mi madre y una de las novelas más aburridas que he leído en mi vida. Entre que El hombre más buscado no me gustó mucho y que El peregrino secreto me produjo esa especie de rencor lector que te provoca un libro tedioso hasta lo infinito, juré y perjuré que nunca más volvería a leer a este tío, pero… había otro título de le Carré en mis estantes, heredado también de la biblioteca de mi madre, y como estoy empeñada en dar boleto a los libros pendientes, me lié la manta a la cabeza y me puse a leer Un espía perfecto. ¡Gran error!, es tan coñazo como El hombre más buscado, pero encima tiene 300 páginas más. Mamá, por favor, dime que no hay más le Carré en tu biblioteca. Porfa, porfa, porfa, dime que es el último. En cualquier caso, ¡a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a leer a John le Carré!


Gracias, Jeeves, de P. G. Wodehouse

Mis lecturas de febrero 2019 - Gracias, Jeeves¿Qué puedo decir de un libro de Wodehouse en el que salga Jeeves? Pues que te vas a reír, claro. El año pasado empecé la relectura de estas novelitas porque me apetecía un poco de este tipo de humor. Ya dije entonces que en esta ocasión no las encontraba tan ¿humorísticas? Quiero decir que no me había reído tanto como la primera vez que las leí. Sigue siendo cierto, pero Gracias, Jeeves la he disfrutado mucho. Quizá las carcajadas no sean tan sonoras como antaño, pero he redescubierto en ella aquel buen gusto que me dejaba la lectura de estas historias de Wodehouse. Si te va lo British, el humor un tanto absurdo (lo del banyo es de traca, de verdad y, sin embargo, absolutamente genial) pero inteligente, disfrutarás estas historias enormemente.  Recomendables para pasar un buen rato con una lectura agradable y ligera.


Reina Lucía, de E. F. Benson

Mis lecturas de febrero 2019 - Reina LucíaHuuuummmm, sé que si Mónica Gutiérrez se pasara por aquí y leyera esta miniopinión sobre una novela de E. F. Benson me sacaría las uñas 🙂 y quizá con razón. Tal vez es que no he leído la novela en un buen momento, pero Reina Lucía me ha dejado así, como que ni fu ni fa…, más bien fa que fu, en realidad (esta última expresión también pondría de los nervios a Mónica) 🙂 ¿Te acuerdas del Tarro-Libro 2018 (y tarro-libros anteriores)? ¿Recuerdas que estaba ahorrando los euros de las lecturas para hacerme con tanto libros de la Editorial Impedimenta como pudiera? Pues Reina Lucía era uno de ellos (y sus secuelas, Mapp y Lucía y La señorita Mapp, también). Sin embargo, ahora dudo… La novela no me ha entusiasmado tanto como pensé, y eso a pesar de que tiene buenos mimbres y cuenta con elementos los suficientemente excéntricos a lo British como para que me me hubiera encantado. Quizá, como digo, es que no la he leído en buen momento, pero lo cierto es que me he pasado un 80% de la lectura pensando en mis cosas y así… ¿quién disfruta de una historia? Es posible que le dé otra oportunidad a E. F. Benson y sus Mapps y Lucías, pero no va a ser en el futuro próximo. Es una pena, porque tenía mucha ilusión puesta en estas novelas 🙁


Los millones de Brewster, de George Barr McCutcheon

Mis lecturas de febrero 2019 - Los millones de BrewsterNo es un mal libro, tiene sus buenos momentos, pero esperaba más de él. Parte de una idea muy buena: Monty Brewster está celebrando su 25º (léase vigésimo quinto, por favor, y no veinticinco) cumpleaños y acaba de recibir un millón de dólares como herencia por parte de su abuelo. Sin embargo, repentinamente se va a ver sorprendido como feliz heredero de otra herencia, esta por una cuantía de siete millones de dólares que le deja un tío materno. El problema es que felicidad, felicidad, lo que se dice felicidad, no le va a traer esta segunda herencia porque para poder hacerse con ella su tío ha establecido una cláusula: de aquí a un año, Monty debe haber gastado el millón heredado por su abuelo hasta el último centavo. Si no lo hace, puede ir olvidándose de los siete millones. No habrá herencia. ¿Pero qué pasa si Monty hace todo lo posible por gastar el millón de dólares y no lo consigue? Que se habrá fundido la herencia del abuelo y no tendrá derecho a la del tío. La premisa de la que parte la historia, como vemos, es muy curiosa y da para mucho. Hasta ahí me ha gustado. También me ha gustado la primera parte de la novela, pero cuando Monty se embarca junto a sus amigos en un crucero a Europa, Los millones de Brewster comienza a decaer. Creo que esta segunda parte baja mucho de nivel (ni te cuento ya lo del intento de secuestro de Peggy por parte de un jeque árabe). De vuelta a Estados Unidos, la subtrama amorosa, que ya asoma desde el principio y que te hueles que va a acabar como realmente acaba, se solventa con demasiada facilidad y el último obstáculo que Monty ha de arrostrar para hacerse con los 7 millones de dólares, y que está relacionado con el albacea, no consigue erizar ni un sólo vello del lector, y mira que había ahí jugo para elevar la tensión. Creo que el escritor se cansó de escribir la historia hacia su mitad y la novela se fue desinflando…


Genoveva de Brabante, de Christopher Schmidt

Mis lecturas de febrero 2019 - Genoveva de BrabanteEste fue mi cuento predilecto de la infancia. Desde la primera vez que me lo contó una de mis tías abuelas, no había noche que no lo pidiera antes de irme a dormir. Es curioso que, con todas las veces que me lo contaron, de él sólo recordara el detalle de la cierva… Sin embargo, en mi corazoncito infantil se quedó grabado como una historia preciosísima y hace años, en una librería de viejo, encontré un ejemplar de historias ilustradas y me tiré a él como si fuera el último del planeta. Durante todo este tiempo lo he tenido en uno de los estantes, esperando turno para su lectura, para esa vuelta a la marravillosa infancia, pero no ha sido hasta este mes en que me propusieron participar en un cuenta-cuentos que se me ocurrió hacerlo con Genoveva de Bravante. Me lo leí y disfruté mucho la historia. Con un marcado objetivo didáctico de carácter cristiano, la historia es hija de su tiempo y probablemente no sería el cuento que unos padres de hoy en día elegirían para contar a sus hijos antes de ir a dormir. A mí me hizo muy feliz en mi infancia, imaginando esa cueva, esa forma tan difícil de vivir, esas salidas en la nieve en busca de algo de alimento… Estoy segura que todas esas historias que he imaginado desde entonces (en mi adolescencia, juventud y madurez) cada noche cuando me iba a dormir, historias de supervivencia, del self-made man (que dicen los anglosajones), de renacimiento, de empezar de nuevo después de haber sido derrotado, proceden en gran parte de este cuentecito que oía, noche tras noche, en los labios de mi tía abuela. Su lectura ha sido un bonito retorno a la infancia, aunque finalmente no lo utilicé para el cuenta-cuentos. Preciosa Genoveva de Brabante. Preciosa infancia.


Diez negritos. Nuevas voces del género negro español, de VV. AA

Mis lecturas de febrero 2019 - Diez negritosTenía empezado este libro de relatos desde hace no sé cuantísimo tiempo y con eso de que pronto tendré que afrontar una mudanza, quiero ir quitándome de encima estas lecturas que tengo a medias, de manera que cuando llegue el momento de mudarse pueda dividir los libros en dos grupos muy claros: los que ya he leído y los que aún tengo pendientes a fin de poder moverlos con un poco de lógica (lo de organizarlos en las estanterías, después, ya será otro cantar). Este ya ha pasado al primer grupo y salvo eso no sé qué más puedo contarte de él, a excepción de que hay historias para todos los gustos. Todas ellas, eso sí, son hijas de autores que escriben en lengua española, gente como Ravelo, Cerdán, Zanón, Del Árbol, etc. A mí ha habido algunas que me han gustado, otras que me han dejado francamente indiferente y otras que…, bueno, voy a ahorrarme el adjetivo 🙂 Pese a su largo título, Diez negritos, nuevas voces del género negro español, es un librito corto con el que se pasa el rato, pero poco más.


El artista del veneno, de Jonathan Moore

Mis lecturas de febrero 2019 - El artista del venenoTenía este libro en espera desde hacía tiempo y siempre le echaba el ojo con ganas de leerlo. Me hacía a la idea de que iba a ser un thriller interesante y curioso. Finalmente, le tocó a febrero llevarse el honor de su lectura 🙂 Y, bueeeeno, no está mal, pero… Vayamos por partes: empieza bien. La trama interesa, los personajes, sobre todo el protagonista, gustan y la historia se mueve a buen ritmo. Sin embargo, de repente ocurre algo: aparece un personaje raro y a mí ya eso me toca las narices. Que, además, el protagonista pierda la chaveta como la pierde por ese personaje (que es una mujer) aburre. Supongo que puede suceder que alguien aparezca en tu vida y extraiga de ti toda la idiotez de la que eres capaz (y más)  como para que tu comportamiento se vuelva absurdo, pero si es así en la realidad a mí no me gusta verlo en la ficción. En una novela me gusta encontrarme con otras cosas. Lo peor de todo llega al final (sigo hablando de la relación entre el prota y esta mujer) cuando empiezas a intuir la naturaleza de esta femme fatale y, sobre todo, cuando alcanzas ese final y compruebas que no te has equivocado. De verdad que en su momento este tipo de cosas debieron de ser muy llamativas, ¿pero ahora…? No sé…, El artista del veneno me ha gustado en ciertos aspectos, pero el final me toca las narices. Quizá porque soy una persona con los pies demasiado asentados en la tierra. Lo de echar mano de los rincones oscuros de la mente para justificar un final en lugar de currártelo y basar la historia en una trama de construcción más inteligente me toca las narices, sí, me las toca mucho.


Conclusión

Febrero ha sido un mes con algún acierto. Me quedo con Luto de miel, he disfrutado a rato Los millones de Brewster y he vuelto a la tierna infancia con Genoveva de Brabante. El artista del veneno ha tenido su aquel, excepción hecha de la decepcionante intromisión de la femme fatale, y abomino de Un espía perfecto y de John Le Carre a quien prometo nunca más leer. Veremos qué tal se da el próximo mes, pero eso ya te lo contaré en marzo.

Estas fueron mis lecturas de enero.

Y aquí podrás echar un ojo a las de marzo.

 

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