Los Crímenes de la Calle Morgue I

De Poe a Hitchcoch

 

Los Crímenes de la Calle Morgue es un relato de poco más de veinte páginas, al que algunos atribuyen el honor de ser el origen de la novela negra.


Los crímenes de la calle Morgue I de Poe a Hitchcock



Edgar Allan Poe, parada obligatoria

A aquellos que nunca han leído nada de Edgar Allan Poe, les diría que tienen una asignatura pendiente; sin embargo, los que lo han hecho, se habrán dado cuenta, seguramente, de que ha sido una suerte  y todo un privilegio poder disfrutar de su exquisita narrativa.

Cada uno de sus relatos es una clase magistral de precisión en el lenguaje y  de riqueza creativa. Con apenas veinte páginas le resulta suficiente para hacernos vivir momentos inolvidables.

Esto es lo que hace en este pequeño relato policial titulado Los Crímenes de la Calle Morgue (puedes leerlo completo en este enlace).

 

El prólogo de Los Crímenes de la Calle Morgue

Múltiples son los aspectos que podríamos destacar de este relato:  desde la originalidad de la historia hasta las increíbles y fantasiosas deducciones de su protagonista; pero eso puedes hacerlo tú solo leyéndolo en el enlace que te he dejado.

A mí, lo que me interesa ahora es la profundidad del contenido de las dos primeras páginas, en las que se recoge un pequeño prólogo de la historia.

Todo un tratado de filosofía, de psicología, de investigación… de funcionamiento de la mente del ser H.

El inicio ya nos indica a lo que se va a referir: «Las características de la inteligencia que suelen calificarse de analíticas son en sí mismas poco susceptibles de análisis».

 

El análisis

Seguidamente, en lo que supone una maravillosa contradicción con tal afirmación, nos expone que el aspecto de la inteligencia que a él le preocupa y ocupa en este prólogo es la capacidad de análisis.

Luego, si leemos el relato, nos daremos cuenta que esta es la virtud que destaca, por encima de todas, en su protagonista: C. Auguste Dupin.

Dupin, investigador del Crimen de la Calle Morgue, es un analista extremo que capta insignificantes detalles para introducirlos en su cerebro y obtener las más inverosímiles y acertadas deducciones que lo llevarán a dar con la solucionar de un crimen, impactante por la forma de su ejecución e inesperado para el lector por la identidad del autor del mismo.

Por supuesto esta capacidad de análisis y deducción, casi sobrenatural, será la que va a caracterizar a otros detectives posteriores, de los que encontraremos el máximo exponente en el famoso Sherlock Holmes.

 

Las matemáticas en la búsqueda de la verdad

En su tarea analítica recurre a las matemáticas y hace una distinción de este campo de la ciencia entre la función de cálculo y la de análisis: «Calcular no es, en sí mismo, analizar», dice.

¡Qué curioso! Poe, como los filósofos de su época y anteriores,  también trata de apoyarse en las matemáticas para que, a través del análisis de una o varias premisas y mediante la aplicación de la lógica, pueda obtener varias deducciones que lo lleven al hallazgo de la verdad en Los crímenes de la calle Morgue.

¡¡La verdad!!: ese concepto etéreo y subjetivo que el ser H lleva buscando miles, millones de años sin darse cuenta de que no es única sino múltiple y que cada uno lleva la suya bajo el brazo.

La misma verdad que ha tratado de ser objetivizada por muchos hombres de ciencia, y por el mismo Poe, a través de cálculos matemáticos.

Pero Poe nos deja muy claro que no es la parte calculista la que le interesa de las matemáticas, sino la analítica; y para explicárnoslo nos propone una comparación entre dos juegos: el ajedrez, en el que predomina el cálculo, y las damas, en el que predomina el análisis.

 

La atención y el análisis

En esta explicación, y como que no quiere la cosa, nos introduce un nuevo concepto: la atención. A esta maravillosa cualidad humana, de la que pienso que  constituye la base de la inteligencia, le asigna un papel secundario con respecto al análisis.

Según Poe en Los Crímenes de la Calle Morgue, la atención juega un papel fundamental en el juego calculista del ajedrez, pero esta cualidad se queda en la mera observación superficial; mientras que lo importante de verdad es la capacidad de profundización analítica para penetrar en la mente del adversario consiguiendo, de esta forma, provocar en él un error que dé la ventaja suficiente para el triunfo: «…el analista penetra en el espíritu de su oponente, se identifica con él y con frecuencia alcanza a ver de una sola ojeada el único método (a veces absurdamente sencillo) por el cual puede provocar un error o precipitar a un falso cálculo», dice sin explicar que solo con la necesaria atención previa le sería posible dar ese paso analítico.

 

El ajedrez y las damas son suficientes

Cuando inicié este artículo tenía mis dudas sobre poder limitarme a esas dos primeras páginas del prólogo de  Los Crímen de la Calle Morgue; ahora sé a ciencia cierta que con la primera de ellas tengo suficiente.

No voy a entrar en la segunda, en la que Poe hace un exposición de las maravillas intelectuales del juego del Whist en detrimento del calculista ajedrez.

Ahora quiero centrar el debate volviendo al inicio. No debemos perder de vista que Poe cuenta todo esto en el prólogo de un relato policíaco que ha servido como referencia para otros muchos que se han escrito con posterioridad.

 

Aparece Alfred Hitchcock

En realidad, lo que pretende el prólogo de Los Crímenes de la Calle Morgue es justificar y explicar la enorme capacidad de análisis  que va a llevar a su protagonista, C. Auguste Dupin, a la solución de un crimen insólito.

Para él, las matemáticas, la atención, la analítica y todas las demás cualidades humanas a las que se refiere, solo son importantes en tanto en cuanto lo llevarán a alcanzar su objetivo final: encontrar la verdad.

No estoy hablando ahora de esa verdad relativa y cambiante a la que antes me refería. Hablo de la verdad objetiva y absoluta que obsesiona permanentemente al investigador en su búsqueda del autor del crimen: «¿Quién lo hizo?».

Precisamente, cien años después otro genio relacionado con el mundo literario, llamado Alfred Hitchcock, utilizaba esta misma pregunta (who done it) para definir, con solo tres palabra, el concepto de misterio, pero eso te lo cuento en otro artículo que podrás leer si pinchas en el enlace que te dejo.

 

Por supuesto que acabaré el prólogo de Los Crímenes de la Calle Morgue para ti, pero eso será en otro artículo y otro día.

 

Autor: Amador Moya

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