En mi artículo anterior me comprometí a terminar mi tarea de analizar el prólogo del cuento de Edgar Allan Poe, Los crímenes de la calle Morgue, y eso es lo que pretendo hacer ahora.


Los crímenes de la calle Morgue II



Los crímenes de la calle Morgue II

Edgar Allan Poe y sus juegos


El whist y el ajedrez

Lo había dejado en el punto en que el autor trataba de hacer una nueva comparación de juegos, ahora entre el whist y el ajedrez. Te adelanto que, de nuevo, el ajedrez sale perdiendo.

Seguramente es una mera casualidad que éste sea un juego inglés nacido en el siglo XVII, mientras que el ajedrez posee raíces milenarias y ajenas a esta cultura.

Tampoco parece tener mucha importante para Edgar Allan Poe que el  ajedrez se juegue en todo el mundo y goce de popularidad.

Puestos a descartar, supongo que no viene a cuento recordar aquí el origen estadounidense de Poe y su educación anglosajona.

Dejemos de especular y mediante una simple deducción analítica, concluyamos que, a la vista de los datos, a Edgar Allan Poe no le gustaba demasiado el ajedrez; no obstante, debo reconocer que su razonamiento es impecable.

 

Analizando al contrario y al compañero

El whist, como juego de cartas al que juegan dos parejas, añade innumerables variantes que lo alejan del juego del ajedrez, al que solo ocupa el mero cálculo de posibilidades sobre las opciones que tiene tu único oponente.

En el primero, el jugador debe observar con atención el comportamiento de su compañero y rivales para deducir las cartas que tienen. Todos los gestos cuentan. Todos los detalles nos servirán para indicarnos la mano en la que se encuentra cada una de las cartas que no están en la nuestra.

Es «…como si los otros jugadores hubieran dado la vuelta a las suyas», llega a decir en un momento dado. Un juego psicológico que luego aplicará a su personaje, monsieur Dupin, para alcanzar deducciones certeras e increíbles.

 

La capacidad de análisis y el ingenio

El remate del prólogo lo consigue con la introducción del concepto de ingenio.

Edgar Allan Poe tiene muy claro que no es lo mismo tener ingenio que ser ingenioso.

De nuevo la analítica toma el centro del escenario: «El poder analítico no debe confundirse con el mero ingenio, ya que si el analista es por necesidad ingenioso, con frecuencia el hombre ingenioso se muestra notablemente incapaz de analizar.», dice.

Se trata de un camino de dirección única: ser analítico implica tener ingenio, pero ser ingenioso no implica capacidad de análisis.

El juego de las comparaciones nos lleva ahora, como en el juego del whist, a las dobles parejas; a la comparación entre ellas y entre los miembros que las componen.

Por un lado están el análisis y el ingenio; y, por el otro, la fantasía y la imaginación. Edgar nos asegura que «…cabe observar que los ingeniosos poseen siempre mucha fantasía mientras que el hombre verdaderamente imaginativo es siempre un analista».

El analista, al que acompaña la imaginación y el ingenio, vuelve a ganar la partida; con esos compañeros no podía ser de otra forma.

 

El investigador y el escritor

Estas tres cualidades hacen de su investigador, monsieur Dupin, un superhombre capaz de dar respuesta a la pregunta: ¿Quién lo hizo?; todo ello partiendo de unas pistas absolutamente insignificantes y confusas, pero narradas de una forma exquisita y con un dominio del lenguaje solo al alcance de un maestro.

Edgar Allan Poe dedica unas pocas páginas a explicar la importancia de una palabra en todas sus vertientes: análisis. Esta palabra se convierte en la luz de su universo en detrimento de otras que pasan a ocupar un segundo plano.

Dupin es básicamente capacidad de análisis, luego vendrán Holmes y otros a transitar por el mismo camino.

En realidad, el investigador debe ser un buen jugador de whist o de tute; incluso de mus o de póker porque, a veces, debe marcarse algún farol.

 

El desafío final

Os preguntaréis dónde se ha quedado la atención.

Efectivamente, Edgar Allan Poe está ensimismado hablando de la supercualidad que ocupa su mente y se ha descuidado, pero… ¡está ahí!: en el ingenio, en la imaginación, en el análisis, en la deducción; en todas se encuentra la atención porque sin ella ninguna sería posible.

El desafío es psicológico e impone al lector la obligación de introducirse en la historia para investigar él también.

El desafío es intelectual porque el lector entra en una competición analítica con el investigador para anticiparse a él en sus deducciones y descubrimientos. En este juego de ficción llega a ignorar que su verdadera competición es con el autor de la obra y que éste juega con ventaja porque él conoce las cartas, él mueve los hilos y maneja sus emociones.

Es el lector quien juega al whist, el investigador también lo hace, pero no el autor; éste solo reparte las cartas, y lo realiza de la forma que más le conviene para que el resultado sea el adecuado.

¿Fácil? En absoluto. Tremendamente complicado. Mucho más que jugar al whist, pero muy divertido también.

 

Ahora solo te queda leerte el cuento completo y disfrutar de la historia. Lo puedes hacer en este enlace.

 

Autor: Amador Moya

Aquí tienes su web, que te invito a visitar.

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